¿Es posible estar satisfecho con la vida y, al mismo tiempo, experimentar estrés, ansiedad o tristeza? Los datos muestran que sí, y que esta aparente contradicción aparece de forma distinta en hombres y mujeres.
En un estudio reciente sobre la sociedad española publicado en Revista Internacional de Sociología, analizamos la denominada “paradoja de género en la felicidad”: las mujeres están más satisfechas que los hombres con su vida, pero también sienten con más frecuencia emociones negativas como estrés, tristeza o ansiedad.
Para estudiar este fenómeno utilizamos la Encuesta Nacional de Satisfacción con la Vida en España, realizada a 1.801 personas adultas. Analizamos sus respuestas tanto sobre cómo valoraban su vida en general como las emociones que experimentaban en su día a día, con el objetivo de entender mejor qué factores pueden explicar estas diferencias entre mujeres y hombres.
Dos formas de preguntar por la felicidad
Cuando una encuesta plantea: “¿Qué tan satisfecha está con su vida en general?”, se le está pidiendo a la persona que piense en su vida en su conjunto. Para responder, puede tener en cuenta cosas como la salud, la familia, los estudios, el trabajo, sus metas, su situación económica o los objetivos que ha alcanzado. Es como hacer una valoración general de cómo le va la vida. Otra cosa es que le pregunten cómo se sintió en un momento concreto. Por ejemplo, si ayer estaba triste, nervioso, cansado, estresado o de buen humor.
Y ahí está la clave de la paradoja: si solo hacemos una de las dos preguntas, únicamente veremos una parte de la realidad.
Factores que influyen en la felicidad, en términos generales
La salud y una actitud optimista son importantes para que tanto hombres como mujeres se sientan satisfechos. En general, las personas que creen que gozan de buena salud suelen valorar mejor su vida, pero también importa disponer de tiempo libre y poder disfrutarlo.
La inseguridad económica tiene asimismo un impacto significativo en las emociones negativas. Los resultados de la encuesta muestran cómo las personas que han tenido que recortar gastos debido a dificultades financieras tienden a experimentar más emociones negativas.
Qué muestra nuestro análisis
Como apuntábamos al principio, nuestro análisis de la encuesta muestra que, en España, las mujeres se sienten más satisfechas con su vida que los hombres, incluso cuando aspectos como la salud, el dinero, la situación familiar o la disposición de tiempo libre no estén en condiciones óptimas. Este resultado confirma una de las partes de la paradoja de género de la felicidad. La segunda es que, en el día a día, ellas sienten más emociones negativas (estrés, ansiedad, tristeza, cansancio) que los varones.
Una explicación a esta dicotomía entre satisfacción general y malestar particular puede estar en la doble carga que sufren las mujeres: trabajo fuera de casa y cuidados en el hogar. En cambio, cuando las responsabilidades se reparten de forma equilibrada, disminuye la presión diaria, resulta más fácil compaginar el trabajo con la vida familiar y aumenta la sensación de bienestar.
Orígenes distintos (de la felicidad)
Por otra parte, las cosas que hacen sentir bien a mujeres y hombres no siempre son las mismas. Para muchas mujeres pesan más las cuestiones no materiales, como la familia, las amistades, sentirse apoyadas o ver bien a sus hijos.
En cambio, en los hombres pueden influir más el trabajo y el dinero. Para ellos, el bienestar suele estar más relacionado con tener empleo, estabilidad económica y una buena situación laboral. Esto también tiene que ver con una sociedad que, durante mucho tiempo, ha asociado el papel masculino con el trabajo y la capacidad de aportar seguridad económica a la familia.
¿Cómo reducir la diferencia de bienestar entre mujeres y hombres?
La felicidad no depende solo de tener una actitud positiva ante la vida o de ser optimista. También influye cómo está organizada la vida diaria, cuánto tiempo se tiene para uno mismo, si se cuenta con un trabajo estable, si se llega bien a fin de mes, si los servicios públicos son eficientes o cómo se reparten las responsabilidades en casa.
Entender esta cuestión puede ayudar a orientar mejor las políticas públicas de bienestar. Favorecer la conciliación y un reparto más equilibrado de las tareas familiares puede reducir la presión que soportan muchas mujeres.
Al mismo tiempo, reforzar las redes de apoyo –familia, amistades y comunidad– puede contribuir a mejorar el bienestar emocional y la calidad de vida de las personas.
La conclusión más clara es que hablar de felicidad exige mirar más allá de la satisfacción declarada. No basta con preguntar quién dice estar más contento con su vida. Hay que preguntarse también quién llega más cansado al final del día, quién dispone de tiempo propio, quién se siente acompañado y quién asume la mayor parte del cuidado de sus seres queridos.![]()
Rebeca de Juan Díaz, Profesora Titular de Universidad de Análisis Económico, UNED - Universidad Nacional de Educación a Distancia y José Atilano Pena López, Profesor de Política Económica, Universidade da Coruña
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.





