Algún colega, no es preciso señalarlo, se ha erigido en propagandista de la crisis. Como otros afirman: «Es necesario que haya Estatuto», el colega en cuestión nos dice a diario: «Es preciso, que haya crisis». Sus trabajos en este sentido son particularmente laboriosos. Por su parte, y por la de sus amigos en el Parlamento, se ha hecho, en aquel sentido, cuanto se ha podido. Si no hacen más, es porque no se les alcanza. Han sido, en conjuras anteriores, preparados todos los recursos. La crisis no surgió. Tampoco surgió la crisis al plantearse el llamado problema de Cataluña. ¿Cuándo, pues? Sigue la propaganda. Todos los días dan un golpecito al tema. «Se habla de crisis». «Se supone que no tardará en presentarse la crisis». «Parece que hay fundamentos para sospechar una crisis inminente». Se hace, repetirnos, propaganda de la crisis corno puede hacerse de un especifico contra las dolencias del estómago. Después de todo, es una manera como otra cualquiera de entender la política y el patriotismo. No es, ciertamente, que el suceso nos sorprenda ni poco ni mucho. En cuanto al patriotismo de quienes do monopolizaban en otro tiempo, sabíamos, de antes, a qué atenernos. Todavía resuenan ciertas apelaciones a la unión sagrada, de las que, en su momento, hubimos de reírnos. El patriotismo en aquella sazón, venía a servir unos intereses dinásticos, incompatibles con el país. Lo de ahora es un poco distinto. Ya nuestra moneda está en La curva ascendente. Se ha iniciado, por otra parte, una favorable reacción en los mercados del dinero. El crédito, la famosa confianza, se iba, por sus pasos contados, restableciendo. Esta inesperada solidez de los valores españoles no podía continuar. Y para que no continuase, con sólo esa patriótica, intención, se inició la propaganda de la crisis, que equivalía a tanto como a gritar ante el extranjero; «Desconfiad. Temed a España. La crisis puede presentarse de un momento a otro, y sólo Dios sabe lo que puede pasar aquí.» La propaganda de la desconfianza continúa. Así es lícito interpretar esa constante alusión a la crisis. El propósito está más claro que el agua. Sólo los tontos pueden ser engañados. Los tontos o los que voluntariamente deseen engañarse.