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Déjà Vu

La actualidad es tan efímera como el presente. En la sección Déjà Vu recuperamos textos de antiguas publicaciones progresistas a modo de propuesta para la reflexión. Pasado y presente intercambian sus realidades. El hoy se analiza desde el ayer donde la dialéctica se constituye en el devenir mismo de la realidad.

Las derechas y la aceptación del sistema

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“Don Miguel Maura ha hecho en la Cámara unas interesantes declaraciones que plantean una vez más el problema de la actitud que deben adoptar en los momentos actuales las derechas españolas. En lo fundamental, la orientación del ex ministro de la Gobernación de la República nos parece acertada y coincidente con el criterio que se ha venido defendiendo constantemente en estas columnas.

La unión de las derechas

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“Los periódicos de derecha se ocupan una vez más estos días del modo de llegar a una unión o colaboración de los elementos derechistas distribuidos en diferentes agrupaciones. Contienen todos en una cosa: en que para que la unión sea un hecho es menester que se acentúen más los puntos de coincidencia que los motivos de disparidad. Ello es evidente. Toda alianza ha de hacerse a base de lo que es común. En realidad, la alianza o fusión de fuerzas políticas diversas supone ya un estado psicológico previo para ser posible. Supone que los componentes estiman que la defensa de los principios fundamentales por todos sustentados es de tal importancia momentánea que vale la pena de sacrificar las reivindicaciones peculiares características de cada grupo.

Hacia la reducción de la jornada

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“Cuando reclamamos la semana de cuarenta horas nos apoyarnos principalmente en el acrecentamiento de la productividad merced a los progresos técnicos. No obstante, se nos responde que el argumento aducido no es irrefutable.

La unión de las derechas y la defensa de la democracia

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Dejavu sobre el mitin de Miguel Maura el 19 de diciembre de 1932 en Oviedo:

“Después de saludar a los asturianos comenzó diciendo que en la actualidad dominan las izquierdas en todos los sectores de la vida nacional y que ante este hecho cierto es preciso que las derechas se den cuenta, se unan y formen un frente.

Proyectos audaces que crearán una España nueva

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“Vaya en primer término nuestra calurosa felicitación al ministro de Obras públicas, compañero Indalecio Prieto, por la diligencia con que ha dado aliento al magno proyecto de enlace de los ferrocarriles que afluyen a Madrid. «Del dicho al hecho, cuenta el proverbio castellano, va mucho trecho.» Pero lo que en la monarquía pasaba justamente por apotegma, en la República es una frase sin sentido. Mil ejemplos, presentes en el pensamiento de todos, atestiguan que el nuevo régimen no se detiene ante los grandes problemas, ni los burla, ni ros desdeña; antes sale a su encuentro con el valor cívico y la confianza en la nación española de que tenemos, ya en tan breve lapso, precedentes copiosos. Recuérdese cómo la monarquía rehuía los temas difíciles y no daba cara a las imperiosas necesidades que demandaban satisfacción urgente. Era el tiempo del ir tirando, del no hacer, del no quebrarse la cabeza. Estulticia y cobardía mayores parece inverosímil que hayan atenazado alguna vez en la Historia a un rey y a unos gobernantes. Afortunadamente, aquello pasó. Se derrumbó un sistema de regencia y un aparato administrativo incapaces bajo el peso de sus errores. Y es que cuando un Estado no se atreve a afrontar los problemas que plantean el progreso y el desarrollo de una nación, se acredita de incompetente, y no pequeña parte toma esa incompetencia en el quebranto de las instituciones políticas. La República, como puede comprobarse, se cura en salud. Se conciben saludables proyectos y se llevan a la práctica con rapidez que no dice nada contra la madurez de lo que va realizarse. Una acción eficaz no puede detenerse, so pena de malograrse los propósitos, en temores ni en dificultades, que son mayores cuanto menores son los resortes democráticos que responsabilizan a políticos y funcionarios.

Los socialistas de España y el Gobierno

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

«La participación de los socialistas en las tareas de Gobierno ha dado origen en España, como en todos los países en que el Socialismo constituye una fuerza considerable, a las discusiones que provoca invariablemente el problema de su vinculación con la responsabilidad oficial. El colaboracionismo no es, ciertamente, un tema nuevo de controversias, comenzadas en Alemania mucho ante l de la guerra, con las primeras manifestaciones de temor de que el éxito político y electoral podría transformar a los socialistas de partido revolucionario en partido transigente, o lo que Marx llamó, no sin desdén, a mediados del siglo pasado, sla socialdemocracia». Si los ensayos franceses anteriores a 1914, si bien sin el consentimiento expreso de asambleas ni de comités, desilusionaron a la masa socialista, das circunstancias especiales en que se encuentra España parecían justificar aquella colaboración. En efecto, la República, a cuyo advenimiento contribuyeron los socialistas y las entidades gremiales, requería el concurso de los elementos diferentes que intervinieron en el movimiento de transformación, con el fin de cristalizar en una obra constructiva las normas fundamentales del nuevo régimen. Un Congreso extraordinario permitió en 1931 a dos principales jefes socialistas tomar parte en el Ministerio. La cooperación de don Fernando de los Ríos, de Largo Caballero y de Prieto ha renovado las disidencias de entonces y ahondadas a raíz de hechos significativos. El Gobierno republicano, con la solidaridad implícita de los socialistas, tuvo que reprimir enérgicamente tentativas de los sindicalistas y perseguir con tenacidad a los grupos de carácter avanzado. ¿Qué influencia podría tener en el ánimo de la clase trabajadora esa política de la burguesía liberal con la ayuda del Socialismo? ¿Debían retirarse del Gobierno y volver a su antigua posición de cuerpo de lucha y de protesta, como en tiempos de monarquía, o estaban obligados los socialistas a aceptar la realidad y esforzarse en set un factor de construcción y no un núcleo en continua expectativa? El Congreso reunido en Madrid debía resolverlo. En sus sesiones, en que participaron los gobernantes surgidos de sus filas, se debatió la vieja cuestión. Se decidió renovar la confianza en los organismos directivos del Partido, los cuales están facultados para fijar el momento en que ha de cesar la colaboración. Es, en verdad, una fórmula hábil. Don Francisco Largo Caballero declaró en el Congreso que es preferible «fracasar desde el banco azul a luchar contra el Gobierno», pues esta actitud traería inevitablemente el alejamiento del proletariado de la política y su inclinación, por ende, al pesimismo extremista. Como se ve, en el Congreso del Socialismo español se han repetido los argumentos en favor y en contra con que se ha defendido y combatido recientemente en el Congreso del Socialismo francés la tesis colaboracionista. El Congreso de Madrid tuvo el valor de pronunciarse en pro de la colaboración, a pesar de la propaganda hostil de las grandes corporaciones obreras y del peligro de descrédito que representa para el Partido desviarse de su propia doctrina en nombre de necesidades del momento. Al proceder así el socialismo español ha demostrado, cono el de los países del Norte y el de Alemania después de la caída de la dinastía, que tiene un sentimiento cabal de las exigencias nacionales, sin que esa concesión a lo momentáneo desvirtúe su programa doctrinario. De esta manera, los socialistas, sin aspirar a imponer las concepciones más amplias de su plataforma, tenderán, en el, Gobierno y en el Parlamento, a consolidar el régimen del cual son una expresión, un matiz, pero no una definición, como suelen sostenerlo los adversarios de la República.»

(La Nación (Buenos Aires)/El Socialista, 12 de noviembre de 1932)

Estabilización del predominio de la izquierda en el país

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

“Por mucha que sea la particularidad que se discierna a las elecciones de Cataluña, es de todo punto evidente que pueden ser aceptadas como paradigma del espíritu que anima a la opinión pública española. Lo específico allí es el Estatuto, pero lo genérico, independientemente del Estatuto, claro está, se descubre en la persistencia de los rumbos izquierdistas. A este respecto, las ilusiones de las derechas eran, antes del 20 de noviembre, abundantes y, en concepto de sus hombres, muy autorizadas. La respuesta a esas ilusiones ha sido terminante. Porque la «Esquerra» es, fundamentalmente, un partido de izquierda burguesa. Como es natural, nuestro juicio sobre la posición de la «Esquerra» está condicionado por las circunstancias. Sus representantes en el Parlamento de la República han dado al nuevo régimen ni más ni menos que los demás partidos de izquierda burguesa incluidos en la mayoría. Con eso está dicho todo. No cabe duda, pues, de que la «Esquerra» se define como partido coautor de la revolución política. Cuanto ha ocurrido en España desde el 12 de abril de 1931, mediante la acción del Parlamento y del Gobierno, es también, en la proporción de su fuerza numérica, obra de la «Esquerra». Como dijo el señor Martínez Barrios, buscando efectos contrarios a los que surtió su frase, la política de la «Esquerra», en conjunto, es la política del señor Azaña. Pues bien: la política del señor Azaña, el proceder del Gobierno ha obtenido en Cataluña el resonante triunfo que conoce el lector. La «Lliga», el partido adversario, el refugio de la plutocracia y el conservadurismo catalanes, si es cierto que ha logrado más adhesiones que en junio del año pasado, no lo es menos que la diferencia 110 permite a las derechas demasiadas jactancias. Y nótese que se han producido en Cataluña, desde que fué proclamada la República, acontecimientos en los que, atendida la mecánica de los intereses, veían los reaccionarios sólidos argumentos contra la gobernación izquierdista. Pero la opinión ha demostrado que sabe resolver los problemas que plantea el régimen de libertad y que prefiere crear ella el orden por sí misma a que se lo dé hecho un autócrata de poderes absolutos. El pueblo no quiere ya monólogos. Y lo que ha ocurrido en Cataluña pasará, lo hemos de ver en plazo corto, en toda España.

Continúa el rumbo a la izquierda

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“No ha triunfado el Partido Socialista en las elecciones para el Parlamento catalán. Tampoco lo pretendía. Nuestros compañeros de Cataluña no han querido ser un partido más de izquierda que favoreciera, con la división de votos, a las derechas. Así, en Barcelona (capital) no ha habido candidatura socialista. En das demás provincias catalanas han procurado nuestros camaradas no entorpecer lo más mínimo el éxito de las izquierdas burguesas. De ahí las alianzas. De ahí también la ayuda tácita que en casi todas partes han prestado a la «Esquerra». ¿Renuncia á la mano de doña Leonor? En absoluto. Simplemente: que los socialistas catalanes afectos a nuestro Partido, atendido el planteamiento de la lucha, han puesto en el empeño una gran dosis de sentido político. Quienes vuelven ahora de aquella región, compañeros que han tomado parte en la campaña electoral, nos informan, conforme dijimos en nuestro •número del domingo, de la formidable acogida que las masas populares les han dispensado en todas partes. La impresión que nos traen de Cataluña es hoy más favorable que nunca a nuestro Partido. Pero, naturalmente, no cabe medir la adhesión al Socialismo español por el volumen de votos que nuestro Partido ha alcanzado. Bástele al lector saber que el contenido de los discursos de nuestros camaradas ha sido, en síntesis, éste: hay que votar a las izquierdas. Era la manifestación que exigía la hora. Votar a las izquierdas, conservar la relación con el Parlamento de la República, humillar la cabeza de Medusa, que resurgía sin recato en el campo de las derechas, eran consignas latentes en los discursos socialistas. El momento político exigía esa suerte de propaganda. Y si estas elecciones han sido el Waterloo del partido radical, según se ha dicho, nuestros compañeros, en suma, no pensaron en ningún instante que pudieran ser para ellos una batalla del Mame. Por consiguiente, las elecciones catalanas no prejuzga nada con respecto al Socialismo español. En apariencia, niegan evidentemente una fuerza que poseemos allí y que no ha sido movilizada, con buen acierto, por que, aun siendo estimable, no hubiera conquistado la posición deseada.

La escuela laica

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“Para la Iglesia el niño no pertenece al padre de familia; el niño pertenece á Dios, y como Dios no puede manifestar y realizar su voluntad sino por la Iglesia visible, la Iglesia proclama que el niño le pertenece y el jefe de familia no tiene derechos para la Iglesia sino en la medida en que él es el intérprete y el agente de los derechos de Dios, por la Iglesia como intermediaria, sobre todas las conciencias de los niños.

Las culpas de la Historia

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

“Cuando la juventud, que todavía piensa y siente como los niños, ha entrado apenas en los claustros un poco solemnes de nuestros Centros docentes, los profesores, con tono grave y ceremonioso, cantan las grandezas de la patria, refieren los grandes hechos de armas, que son sus glorias, y les muestran el libro de la Historia, recordándoles la celebérrima frase de Cicerón: «La Historia es la maestra de la Humanidad.»

Abuso de adjetivos

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“Siempre que algún colega derechista da cuenta de cualquier fechoría sobre las cosas respetables, la suele calificar con los más agrios adjetivos, como si dijéramos con las últimas armas de la maldición. Así, una rotura de cruz de Cementerio suele ser un «bárbaro atentado», o la deberación de una imagen, «obra de un desalmado». No queremos atenuar la falta, delito o lo que fuese, y preferimos dejar a los Tribunales de justicia la debida ponderación de tales hechos; no queremos tampoco suavizarlos con canse vocablos menos fuertes. Nada de eso. Nuestro objeto, al sacarlo a colación, es, nada más que para establecer un contraste: el que se puede dar, y se da, desde luego, cuando en los mismos números de los mismos colegas aparecen posiciones así: «Un hombre mata a hachazos a su padre.» Y el redactor se quedará tan fresco habiendo redactado además lo del desalmado que derribó la cruz; para matar a un ascendiente a hachazos no es necesario, pues, perder el alma.


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