Giuliano Da Empoli, sociólogo, analista político, tan de moda que ha sido recibido hace unos meses por el presidente Pedro Sánchez, publicó en “El mago del Kremlin”, en 2022 y editado para el mercado en español por Seix Barral, en 2023, donde hace una radiografía interior del fin de la etapa Yeltsin y el inicio de la de Putin, quien aún permanece al frente de Rusia. Lo hace desde los detalles del recorrido que proporciona un ficticio asesor del antiguo espía y ahora primer mandatario. Bien, hacia la mitad del libro, en la narración del índice de popularidad del “mineral” Putin, éste no se muestra conforme con el 60 por ciento que alcanza ese marcador popular, porque entiende que diacrónicamente se vería superado por el arraigo en la población de Stalin.
Y da un dato para sostener aquellas seducciones. “¿Sabes lo que hace Stalin cuando los trenes soviéticos empiezan a tener accidentes?”. Ante la negación de su asesor, Putin se extiende: “Manda detener a Von Meck, el director de los ferrocarriles, y lo hace fusilar por sabotaje. Eso no resuelve el problema de los ferrocarriles, es más, puede incluso agravarlo. Pero es un desahogo de la ira acumulada”. Naturalmente, la obra es ficticia pero con sólidos apoyos históricos, porque el empresario Nicolai Von Meck, de origen burgués pero colaborador del régimen soviético hasta caer en desgracia, fue en efecto condenado y fusilado en mayo de 1929 por sabotaje. Bien es cierto que su figura fue rehabilitada en 1990, ya con la perestroika en marcha y sin presencia viva en el mundo del restaurado.
La mutación de este pasaje literario-histórico a la situación presente quizá resulte forzada, habida cuenta del carácter revolucionario de aquel período cuya comparación descompone ambos escenarios hasta hacer imposible el paralelismo. Pero el manejo psicológico de los tableros ilumina la escena actual con la injusticia de un cese del ministro Puente si el avance de la investigación incide en el fallo humano del que pende la tragedia, pero dentro de la cadena de la misma que afecta al imaginario del ciudadano. Pero con una continuación de secuelas que produce el drama de 68 muertes con sus consecuencias inmediatas en una campaña electoral prácticamente inaugurada. La disrupción del accidente de Urda en este tiempo electoral abre una derivada enteramente extraordinaria con la que no se contaba de ninguna manera, hasta el punto que durante semanas, quizá las que queden hasta el día de los comicios, Ceuta, las acampadas, las protestas más o menos violentas, resulten relegadas a programaciones de segundo orden en noticiarios e informativos.
El nivel de la calle y la plaza pública sufrirá de la densidad del accidente ferroviario, con el aderezo por parte de la oposición de los temas inflamados de la costumbre, pero con el capital asunto del tren en todo lo alto. El apartamiento de Óscar Puente de la primera fila de exposición pública viene siendo de capital ordinalidad en las baterías de la oposición desde su nombramiento como ministro de Transporte y desde sus celebradas intervenciones parlamentarias, pero su continuidad en este momento convertiría su caso en potencial ensanchamiento a otras capas de electores, lo que seguramente no escapará al escrutinio racional de los directores de campaña, incluso alcanzará a la maduración del propio Puente.
Las cualidades de Puente, negadas por los opositores en buena medida porque siempre ha sido un exponente de las debilidades de sus críticos, de producirse su sacrificio, tendrían oportunidad de ser rehabilitadas como lo fue el director de los ferrocarriles soviéticos, en este caso con vida no solo pública sino también física. Algo así como la reedición del caso tantas veces citado de Demetrio Madrid, primer presidente de Castilla y León, quien cedió su puesto al dimitir por una acusación social de la que sería absuelto años después, tras cuyo episodio generó un ambiente que propició la victoria de José María Aznar, en 1987, en las elecciones autonómicas de la comunidad castellano leonesa, convertida en plataforma de lanzamiento del mismo Aznar a otros destinos ya conocidos.
La confusión entre causas objetivas y personales del accidente será un proyectil de tanto uso y tan habitual a partir del día siguiente a las exequias de los siniestrados que la permanencia en el cargo del ministro solo podrá acarrear perjuicios al resto de la formación en todas y cada una de sus circunscripciones. Su salida del foco obligará al resto de partidos de la oposición a la elevación del tiro ferroviario a la presidencia del gobierno pero con una posibilidad de desvío y error en el acierto muy notable.





