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La exhortación de Pablo Iglesias a las Juventudes Socialistas en 1924


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Si el 28 de febrero de 1924 se publicaban en El Socialista las exhortaciones que Pablo Iglesias hacía a los socialistas sin cargos, y que hemos estudiado en un anterior artículo, unos días antes, el 15 de febrero, hacía lo propio con las Juventudes Socialistas. En alguna medida, parece como si fuera despidiendo de cada colectivo, como intuyendo su muerte, aunque esto es más bien una conjetura nuestra.

Iglesias recordaba a los jóvenes socialistas en que estaban en la edad en que empezaban a formarse los luchadores. Para conseguirlo tenían que cuidarse físicamente, por “procedimientos racionales”, no por medios que les embruteciesen o absorbiesen toda su energía, pero también a través de un trabajo intelectual de formación.

Los jóvenes tenían que empeñarse en la tarea de la propaganda, tan propia de todos los socialistas, como bien sabemos por la insistencia constante en esta materia por parte de distintos líderes. Esa tarea debía destinarse a todos, aunque Iglesias consideraba que debían trabajar más con las personas de su edad, es decir, los jóvenes. Para ello, había que poseer tres virtudes, siempre según el viejo líder socialista: constancia, amabilidad y tolerancia. Si no se poseían no se podría ser un buen propagandista, y menos en España, ya que consideraba que en nuestro país la propaganda individual era muy necesaria.

Los jóvenes socialistas tenían otra misión que cumplir, estar en primer plano cuando el Partido acometiese un proyecto o tarea que reclamase gran actividad. Se trataba de las campañas que se emprendían: repartir propaganda, vender folletos, propagar la prensa socialista (voceando los periódicos donde hubiera esa costumbre), y prestar ayuda en los procesos electorales. La cuestión de la prensa siempre fue prioritaria, y el propio Iglesias recordaba que era fundamental el aumento de la venta de El Socialista. Terminado el trabajo, convenía dedicar una hora u hora y media a vocear el diario por los barrios obreros. Vender un periódico no era una deshonra, recordaba Pablo Iglesias, y mucho menos cuando al venderlo se servía a la causa de los desheredados, que no era otra que la causa de la libertad y la justicia.

Pablo Iglesias veía como muy positivo el entusiasmo, propio de los jóvenes, y que debía siempre acompañarlos. No había, por lo tanto, censura alguna, pero sí un consejo o advertencia, y que tenía que ver con el hecho de que ese entusiasmo no podía cegar el entendimiento. Tanto aquel como éste tenían objetivos coordinados. El entendimiento marcaba los objetivos, mientras que el entusiasmo ofrecía el empuje necesario para alcanzarlos.

Al ser también socialistas, los jóvenes debían cumplir con todas las obligaciones de aquellos, tanto en el hogar, como en el Partido, y en el ámbito societario (sindical), así como en los cargos que se tuvieran, en el taller o en la fábrica, y en relación con sus compañeros. Cumplir estos deberes otorgaba, siempre según Iglesias, una gran fuerza moral para cuantas empresas se acometiesen.

Y en esas empresas o labores había que buscar siempre resultados que beneficiasen al Partido, avances para sus ideas, pero también para satisfacción de la conciencia personal. En este sentido, advertía frente a los peligros de la vanidad y el orgullo, porque impedían prestar buenos servicios a la causa. Iglesias recordaba que el socialismo había sufrido bastante después de la Gran Guerra por lo que todos los socialistas, incluidos los jóvenes, tenían que empeñarse en el trabajo.

Iglesias, como bien sabemos, siempre fue un luchador infatigable, y además de demostrarlo en la práctica, no dejó nunca de hacerlo en sus escritos, mítines y conferencias.

Hemos trabajado con el número 4687 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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