Antonio Espina y la conciencia pacifista
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En el año 1932 el diario El Socialista sacó un número extraordinario contra la guerra y en favor de la paz, al que en alguna ocasión nos hemos acercado. Regresamos al mismo porque está lleno de sugerencias.
En esta pieza glosamos el trabajo de Antonio Espina sobre la conciencia pacifista.
Antonio Espina (1891-1972) fue escritor, ensayista, poeta y periodista. Tuvo un claro compromiso con el republicanismo progresista y llegó a ocupar cargos políticos en tiempos de la República. Fue sobrino de Concha Espina. --Espina consideraba que la guerra era un producto “morboso”, resultado de una mala organización social, y por ello apelaba a la necesidad de que fuera remontada pacíficamente. Primero había que eludirla y luego eliminarla. Consideraba que el nivel moral y jurídico al que había llegado la civilización constituían ya una base para reemplazar el nacionalismo por un ideal más humano y más fuerte, es decir, el internacionalismo.
Pero no se trataba solamente de ideales. Había que convencer a los hombres de lo absurdo y catastrófico del fenómeno de la guerra. No bastaba con hablar de generosidad y de impulsos nobles, sino, sobre todo, de las consecuencias. Al lado de las bellas abstracciones había que apelar también al egoísmo personal y el interés colectivo, es decir, Espina defendía un método pedagógico donde junto con la enseñanza de bellos ideales había que insistir en los aspectos menos nobles, y más egoístas para combatir la guerra.
Había que convencer a hombres y mujeres sobre el hecho de que en la guerra no había ni vencedores ni vencidos. Los placeres de la conquista no compensaban al vencedor de los sufrimientos de la lucha, y que desde el punto de vista económico el negocio terminaba por ser malo para todos.
Que la humanidad hubiera estado siempre dominada por la servidumbre militar no significaba que había que conformarse y seguir siempre así. La historia ya había demostrado que no existían perspectivas únicas. Existieron cuestiones que parecían inmutables y que en un momento dado se habían cambiado.
Los mejores espíritus condenaban la guerra y se aprestaban a coordinar sus esfuerzos para evitar una nueva brutalidad como había sido la Gran Guerra.
Era menester crear una conciencia internacional pacifista. Y eran los pueblos, no los Estados los que tenían que unirse por encima de las fronteras, apelando, como vemos, de nuevo al internacionalismo. --La inteligencia y la dignidad del hombre exigían que una monstruosidad como la se había padecido no volviera a producirse.
Es evidente que, precisamente, al poco de escribir esto los años treinta entraron en una dinámica de hipernacionalismo, alentado por el fascismo y que, entre otras causas, derivó en la mayor guerra que ha visto el mundo, pero creemos que es importante rescatar estos textos sobre el pacifismo, tan llenos de intenso humanismo.
Hemos trabajado con el número del 6 de agosto de 1932 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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