Cuando estudiamos la administración municipal de signo socialista en la Viena de entreguerras nos centramos de forma casi exclusiva en la cuestión de la vivienda. Parece lógico porque los socialdemócratas austriacos solucionaron el problema de la misma y han dejado un legado imborrable en esta materia dentro y fuera de Austria. Pero hay más, mucho más. La educación y la atención infantiles constituyeron otro avance fundamental, demostrando la intensa vocación en favor de la infancia del socialismo democrático.
Una figura clave en esta materia fue el maestro de escuela Otto Glöcket, una figura clave en educación dentro de la socialdemocracia austriaca. Fue el artífice de una fundamental reforma educativa, y merece que en algún momento nos acerquemos de forma monográfica a su vida y obra.
La primera preocupación municipal en relación con los niños tenía que ver con el propio inicio de la vida, con el “buen nacer”. La segunda era recoger a los niños en un medio adecuado, los jardines de infancia, entre los tres años hasta la edad escolar. Estas cuestiones se coordinaban a través de la Oficina de la Juventud, dirigida por el doctor Tandler. A principios de 1927 la Oficina atendía a 47.000 niños vieneses.
En relación con la obra del nacer se planteaba una clara atención a la mujer embarazada recomendando las revisiones médicas oportunas en alguno de los dispensarios municipales que se habían puesto en marcha. La asistencia era gratuita y se establecía también un subsidio en metálico.
La Oficina tenía noticia de todos los nacimientos. Se enviaba a alguna de las doscientas enfermeras que disponía la misma al domicilio donde llegaba un nuevo niño, tanto si se trataba de familias ricas como humildes. La enfermera entregaba a la parturienta una canastilla completa, además de procurar consejos, cuidados y atención médica si fuera necesario. En caso de que se detectasen problemas de salud la madre y el niño eran trasladados al Asilo temporal de niños.
La asistencia social infantil ofrecía distintas posibilidades. Existía una amplia red de comedores escolares municipales, unos ochenta que diariamente atendían a unos 16.000 niños. La comida que se servía era sana y abundante, siendo gratuita para los que no tenían recursos, y a cambio de un modesto estipendio para quienes sí contaban con recursos.
En el verano unos 40.000 niños con problemas de salud, de crecimiento, etc. eran enviados al campo por un tiempo que rondaba los cuarenta y cinco días. Se habían levantado casas forestales, pero también hoteles para el intercambio escolar, además de otras instituciones, como clínicas dentales, campos de juego, baños y casas-refugio, todo bajo la dirección de la Oficina de la Juventud, y con asistencia médica permanente.
Para los socialdemócratas vieneses la atención social a favor de los niños se realizaba como un deber imperioso que la sociedad tenía contraído y que debía cumplir.
Los jardines de infancia no eran nuevos en Viena. Había antes de 1914, pero solamente alcanzaron un pleno desarrollo después de la Gran Guerra. A finales de los años veinte existía un centenar de ellos. Todo grupo de viviendas contaba con uno.
A los jardines de infancia asistían los niños desde los tres años según un sistema de prioridad. Los que primero entraban eran los propuestos por la Oficina, después los hijos de padres que trabajaban fuera de casa y luego los demás si quedaban vacantes.
El horario comenzaba a las siete de la mañana y duraba las seis de la tarde. La alimentación (tres comidas diarias) y la educación eran gratuitas, aunque las familias más pudientes contribuían con una modesta aportación.
No era propiamente escuelas. Se seguían los métodos educativos de Froebel y María Montessori, con una atención higiénica prioritaria, ejercicios físicos y desarrollo de las capacidades motoras mediante el modelado, construcciones y el dibujo.
Hemos consultado el número 6220 de 16 de enero de 1929 de El Socialista.





