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Medios e instrumentos del nacionalismo decimonónico


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El nacionalismo triunfante en los Estados europeos del siglo XIX generó un conjunto de instrumentos con el fin de vertebrar la sociedad y el territorio, buscando fomentar la conciencia nacional para generar un grupo homogéneo frente a las diversidades internas, heredadas de largos y complejos procesos históricos.

La creación o reorganización de los Estados obligó a uniformizar la administración, eliminando las excepciones y los estatutos especiales propios y las singularidades del Antiguo Régimen, tanto en lo referente a las personas (diferencias estamentales) como a las corporaciones y territorios o enclaves. Esto se derivaba del principio de igualdad ante la ley del liberalismo. Al mismo tiempo se generó una nueva clase funcionarial que contribuyó a la homogeneización descrita, potenciando las relaciones entre la capital y el resto de territorios.

Los ejércitos tuvieron un papel fundamental en el nacionalismo de Estado, ya fuera en la cuestión de la vertebración nacional, ya en el campo de la conciencia nacional. Las fuerzas armadas experimentaron profundos cambios en la época liberal. Se pasó de cuerpos de voluntarios o mercenarios a la formación de ejércitos verdaderamente nacionales. Las Constituciones reconocieron el derecho y la obligación de defender la patria. El ejército se convirtió en el garante de la libertad nacional pero, además, era un factor de homogeneización, ya que se integraba reclutas de todos los lugares del territorio, aunque no tanto en el plano social porque en algunos países los hijos de las clases dominantes pudieron librarse del servicio militar, como se puede ejemplificar en España. La necesidad de un enemigo exterior convirtió, además, al ejército en un puntal del Estado nacional.

La policía en el siglo XIX encuadraba un grupo diverso de cuerpos, tanto en el mundo rural como en las pujantes ciudades. Tenemos que tener en cuenta que estos cuerpos velaban por la seguridad, eran garantes del nuevo orden liberal de protección de la propiedad, y llevaban la presencia del Estado hasta el último rincón rural perdido, algo que no pudieron realizar ni las más poderosas monarquías absolutas. Algunos de estos cuerpos, además, tenían una esencia militar, como se fue el caso de la Guardia Civil.

El sistema educativo fue de uno de los medios más eficaces para la consolidación de la conciencia nacional. En los Estados europeos se implantaron sistemas educativos y planes homogéneos, con el fin de proporcionar a las sucesivas generaciones una base cultural común, un sistema de referencia histórico y una misma lengua, desterrando de la escuela al resto de lenguas minoritarias.

El Estado nacional se fue consolidando gracias a un sistema de elementos identificadores del mismo. Los identificadores han servido para aglutinar la identidad nacional y para proyectar la misma hacia el exterior. Los símbolos son los que proyectan una imagen de la colectividad y se hacen reconocibles por todos sus componentes y por los que no pertenecen a la misma o se sienten ajenos a esa comunidad o colectividad: bandera, himno, escudos, fechas claves o aniversarios, y personajes históricos.

Por otro lado, estarían los denominados identificadores rituales que buscaban la socialización de la identidad colectiva: celebraciones culturales, sociales, fiestas o deportes.

Por fin, los identificadores míticos son elementos fundamentales que permiten la proyección intemporal de la nación. Se buscarían referentes en el pasado sobre el origen o la persistencia de la identidad nacional. A estos elementos estarían vinculadas la interpretación histórica, la exaltación de ciertas figuras que se convierten en pioneros de la patria, la erección de monumentos, la celebración de acontecimientos, y la implantación en los programas de enseñanza de un sistema de referencias históricas que se consideran comunes.

Los nacionalismos determinan un enemigo exterior o si no se podía, un programa de expansión exterior. El imperialismo occidental se basó en el segundo de los casos, además de sus implicaciones económicas.

Con el triunfo de la burguesía en la Revolución Liberal se identificó el Estado con la Nación, como hemos visto en un artículo anterior. Una de las bases de los nuevos Estados fue la creación y consolidación de una economía nacional, identificada con los límites territoriales de dicho Estado. Para vertebrar dicha economía había que integrar los mercados regionales, acabar con las aduanas interiores, y homogeneizar monedas y medidas.

La economía nacional tenía que protegerse de otras economías, implantándose una tendencia claramente proteccionista a medida que avanzaba el siglo XIX. La creación de una economía nacional debió mucho, además, a los medios que proporcionó la revolución de los transportes del momento.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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