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Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXI


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Burton, por su parte iba a consolarse, dice, “corrigiendo ciertas deficiencias en lo que ataña a la ortografía y la sintaxis de diario de Speke, que después aparecieron en el Blakwood (en la revista) de septiembre de 1859… Debo confesar mi sorpresa”. Speke había situado “la enorme herradura de montañas altísimas”, en el corazón mismo de la que se llamaba “Depresión de sir R. Murchison”. Se trataba de un rasgo “absolutamente hipotético, por no decir inventado…que mi compañero publicó con todo conocimiento de causa y con extrema gravedad, con toda la pompa del descubrimiento, em mayúsculas incluso”. “Esta cordillera montañosa”, había escrito Speke, “considero que constituye el grueso de las verdaderas Montañas de la Luna. Burton se sintió molesto ante este malentendido;

“¡Así es como hacen los hombres la geografía! ¡Así se echan a perder los descubrimientos!”.

Llegados al punto en que se hallaban, no había mucho más que hacer, aparte de investigar en las canoas comunes. Quedaba muy poco tiempo, empezaban a escasear las provisiones. Así pues, Burton y Speke emprendieron la marcha. Burton en una gran canoa con cuarenta remeros y, el malencarado jefe Kannena a bordo y, Speke en una embarcación menor. Kannena iba acompañado por su harén y, sus marinos por sus esposas, que tocaban todos oboes y aporreaban unas planchas mecánicas “con dolorosa perseverancia”.

Kannena no consentía de ninguna manera, que los remeros llevasen la embarcación demasiado al norte. Nunca se puso ver la presunta salida del lago Tanganika, que en principio podría haber constituido, la salida del Nilo. El taimado Hamed había asegurado previamente a Speke, que el río desembocaba en el lago. Pero esa no era toda la respuesta. Sidi Bombay confirmó a Burton, que Speke había malinterpretado de punta a cabo, la conversación mantenida con Hamed, quien, al parecer, jamás había llegado hasta el extremo del lago Tanganika.

“La versión africana sobre el flujo de la corriente, es, a menudo, diametralmente opuesta a la realidad”, continúa, “pero no es ese el caso del árabe; en este punto difiero por completo del capitán Speke”. Al encontrarse a tres jóvenes árabes, hijos de unos de los sultanes de los alrededores, “el tema del misterioso arroyo, o río incluso, que, según todos mis informadores, árabes y africanos por igual, fluía desde el lago, volvió a salir a la palestra y, también estos declararon (probablemente en falso) que lo habían visitado. Todos afirmaron que el río Rusizi lleva sus aguas al lago y, no extrae su caudal del Tanganika.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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