Richard F. Burton. El Gran Safari. XIV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Esforzándose con denuedo y en condiciones sumamente adversas, los dos hombres enfermos (Burton y Speke) siguieron avanzando por regiones de África que ningún europeo había visto hasta entonces y que incluso los comerciantes y los tratantes de esclavos árabes, por expertos que fueran en tales lides, abordaban con extrema cautela y con evidente temor. Debido a la continua perdida de los animales y, a la deserción de los porteadores, el viaje iba convirtiéndose en una pesadilla.
El 14 de julio la caravana llegó a un pequeño pueblo llamado K’utu, donde Burton pudo encontrar una edificación y, disfrutó “por primera vez en toda la marcha de un ambiente caldeado por un humo dulzón”. Speke, en un intento por demostrar que estaba ya sobradamente curtido para semejantes pejigueras, y a despecho de las órdenes de Burton, “permaneció en la tienda empapada y apestosa, donde parcialmente contrajo el principio de las fiebres, que después amenazaron su vida en las montañas de Usagara”.
Llegaron después a un punto de reposo más grande, “ese hervidero de pestilencias llamado Zungomero, donde a punto estuvimos los dos, de encontrar sendas tumbas húmedas”. Burton y Speke se alojaron en una choza africana. Llovía “pertinazmente” a cántaros. Entretanto, los beluchistanies se dieron al pillaje de la aldea y, los hijos de Ramji intentaron violar a las mujeres. Pero encontrado nuevos porteadores y, por fin, “la caravana en total llegó a constar de 132 almas”, de modo que reanudaron la marcha, dejando atrás Zungomero, “cúspide de la incomodidad”. Tanto Burton como Speke estaban tan debilitados, que a duras penas podían aguantar a lomos de los asnos.
Como vamos viendo, tanto Burton como Speke estaban continuamente enfermos, e incluso postrados por toda suerte de males, como si la enfermedad se hubiera convertido en un miembro permanente de la expedición, en un compañero hostil e invisible que fastidiaba, engañaba, golpeaba e incluso paralizaba. Cuando Burton se recuperó de un nuevo episodio de fiebre, se le declararon unas úlceras en la boca, hasta el punto que no fue capaz de hablar. A la vez, se vio imposibilitado para andar. La pésima alimentación, el clima, la jungla, la persistencia de las enfermedades, terminaron por escindir su mente. Experimentó graves insomnios, depresiones, delirios…
Los nativos integrantes de la caravana, tampoco se las apañaban mucho mejor y, siguieron desertando a buen ritmo, llevándose todo lo que pudieron. Burton y Speke estaban tan enfermos, que no eran ya capaces de controlar a sus hombres.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.