Barcinona
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Walia tuvo una gran importancia porque, una vez que en el 416 se permitió a los visigodos entrar y asentarse en Hispania de forma oficial en calidad de foederati de Roma, conquistó gran parte de Hispania. Eso hizo que el emperador Honorio permitiese a los visigodos acceder también a Aquitania y la Galia Narbonense para establecer su territorio a partir del 417.
Así pues, Walia formó su corte en Toulouse. Durante el reinado de Eurico (466-484) el reino de los visigodos se declaró independiente de Roma. Dicho monarca tomó la Tarraconense entre el 470 y el 475, y forzó con el hérulo Odoacro la deposición del último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo en el 476.
A la muerte de Alarico II en su lucha contra los francos en el 507, su hijo ilegítimo, Gesaleico (507-511), replegó a los visigodos y se concentró en Hispania. La capital volvió a recaer en Barcinona. Una vez depuesto, la lucha entre sus partidarios y los del ostrogodo Teodorico el Grande desembocó en la Batalla de Barcelona en el 512, que dio el trono a Amalarico, hijo de Alarico II y nieto de Teodorico, el cual fue asesinado, precisamente, en Barcinona en el 531. Su sucesor fue Teudis, que volvió a establecer la corte en Barcelona hasta su muerte en el 548. Pero Barcinona perdería la capitalidad porque Leovigildo decidió establecerla en Toledo en el año 573.
En todo caso, Barcinona mantuvo una gran importancia económica, como lo demostraría el documento De fisco Barcinonensis (592), y el mantenimiento de una ceca, es decir, una casa para acuñar moneda, hasta el final del reino de los visigodos. --En el 673 se produjo una importante rebelión impulsada por el duque Paulo para hacerse con el título de rey en Narbona, incluyendo en la misma a los territorios de la Septimania y la actual Cataluña, y por lo tanto, Barcelona, aunque fue superada por el rey Wamba.
La Barcinona visigoda tuvo, como hemos visto, una gran importancia en la crisis final del Imperio romano, dentro de la Tarraconense, y parece que la mantuvo con los visigodos porque allí establecieron durante un tiempo su corte y capital, como hemos visto en los tiempos de Ataúlfo, Gesaleico, y también con Teudis.
Al parecer, la ocupación del territorio donde se asentaba la antigua Barcino fue pacífica, y los ciudadanos no abandonaron su forma de vida romana y católica porque también es cierto que los visigodos estaban muy romanizados. En la ciudad misma los visigodos no fueron muy numerosos, y solamente ocuparían los puestos de poder, la guarnición militar y las posiciones sociales más elevadas. Las autoridades civiles de la ciudad eran el conde o comes civitatis y su vicarius. En todo caso, sí es cierto que algunos rasgos culturales visigodos se incorporaron a la vida cotidiana de los hispanorromanos, como las fíbulas y las hebillas de cinturón, y los broches de doble gancho de bronce. Los visigodos siempre desarrollaron mucho el trabajo en este metal, como hemos visto anteriormente.
La población se distribuía entre el interior del recinto amurallado y el espacio fuera de la muralla, el conocido como suburbium, que, ciertamente, creció.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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