Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En Zanzíbar, además de con los árabes y los negros, había que contar con “los cazadores de dólares venidos de toda Europa, que constituían toda una población flotante.
Richard Burton en la isla, vuele a la cuestión que más le obsesionaba. “La esclavitud era palmaria por doquier” nos dice. Zanzíbar era todo un mercado para la importación y exportación de seres humanos. Como el sultán obtenía un elevado impuesto por cada esclavo que pasaba por la isla, “los pobres infelices eran arrojados por la borda cuando se ponían enfermos, para ahorrarse ese pago; la playa más cercana a la ciudad, así como las plantaciones, eran lugares en los que se podía ver el horroroso espectáculo de los perros que devoraban carne humana”.
Más importante para Burton que sus exploraciones de la ciudad, fue el aprendizaje de diversas lenguas, en este caso el suajili, que era la lingua franca de toda la costa del África oriental, aunque Burton lo llamaba wasawahili. En Zanzíbar, Burton no encontró demasiadas mujeres que prestasen formalmente sus servicios en calidad de prostitutas, sus maestras de legua predilectas, aunque si que había mujeres casadas en abundancia, cuyos esposos toleraban toda clase de actividad extraconyugal; los blancos asentados en la isla preferían mantener por concubinas a las abisinias y las jóvenes galla de fresca piel y de especiales habilidades vaginales, pero no eran ni mucho menos generosas a la hora de compartirlas. Todas las mujeres eran wasawahilis. Mezcla de árabes y negros, no eran, sin embargo, demasiado acogedoras.
Burton concede a los wasawahilis una desmesurada atención en la página de Zanzíbar, extendiéndose en una pormenizada y analítica discusión de todos los detalles relativos a la tribu, una mezcla de árabes, persas y negros, y habla largo y tendido de su estructura social, su historia, su fisonomía. Afirmó que de los árabes han tomado los wasawahilis “una especial astucia, así como la práctica de ocultar sus pensamientos: son capaces de dar la bienvenida al hombre que se proponen asesinar… la verdad les resulta desconocida… la honestidad y el candor son por completo ignorados”.
Su malestar por aquellas gentes podría haberse debido a las dificultade que tuvo para aprender su lengua, ya que el suajili (y las demás lenguas que intentó aprender de inmediato) no encajaba en las estructuras lingüísticas a que estaba acostumbrado.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.