Talleyrand. La legislativa echa andar. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En él (el Instituto de Francia) a la de los departamentos, los hombres “de la Revolución”, proyectaron una educación progresiva, desde las escuelas de cantón a las de los departamentos una formación physique, intellectuele et moral”, dirigida a perfeccionar “la imaginación, la memoria y la razón”. François Furet ve en este informe “un des monuments de la Révolution française”. Por su autoría, Talleyrand se convierte en miembro del Instituto. Y será allí donde pronunciará su último discurso antes de morir. Lamentablemente, su magnífico plan de reforma educativa sólo se convirtió en ley prácticamente sin alteración cien años después.
Si fue elegido Presidente de la Asamblea no se debió a aquella labor admirable, que no interesó a la izquierda, desde siempre partidaria de la mediocridad intelectual que hace a los hombres más “iguales” y, también más crédulos y manejables y, volvió a soliviantar a la Iglesia, convencida de que el privilegio de educar a los cristianos le pertenecía exclusivamente a ella por derecho divino. Debió el cargo a una oportunista apología de la Revolución que pronunció que pronunció ante los diputados una semana antes de las elecciones. Por una vez en la vida, parece que el hombre se mostró realmente apasionado en la tribuna.
Empezó su discurso trazando un inventario rutilante y cargado de optimismo del trabajo parlamentario ejecutado hasta la fecha. Había restablecido unos derechos del hombre pisoteados hasta entonces por todo el mundo: en consecuencia, su declaración urbi et orbi por el parlamento galo estaba destinada a convertirse en un alarido de los humillados contra sus opresores y, en una auténtica ley para los legisladores de todos los países, una idea, claro está, que no compartía ninguno de sus vecinos europeos, ni siquiera los ingleses, que se tenían por los más libres desde la Carta Magna y, sobre todo, desde la Glorious Revolutión de 1688, que había echado del torno de la isla a los criptocatólicos Estuardo.
En Francia toda la nación se sentía rejuvenecida, por no decir renacida, tras probar el infalible elixir de la libertad y derrotar el horror, notablemente exagerado, de la Bastilla. Sin embargo, no todo fueron elogios en la larga arenga que había preparado cuidadosamente y, ensayado ante un círculo de escogidos del salón de Mme de Staël: así no dudó en condenar la violencia y las matanzas en nombre de la Revolución que estaban ensangrentado las provincias, sacudidas por aquella “Grand Peur, que parecía justificarlo todo. (El Gran Miedo fue un movimiento popular campesino, que se desarrolló en Francia entre el 20 de julio y el 6 de agosto de 1789).
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.