Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida, XXIV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como ya sabemos y, hemos escrito con anterioridad, a Burton todas las mujeres le parecían hermosas. Y descubrió que las esclavas gallas eran adeptas a una técnica bastante popular en el este de África y en Egipto, de la cual iba a hacer mención en sus escritos eróticos:
“Entre alguna de estas razas (especialmente entre las mujeres gallas) los músculos constrictores de la vagina se hallan anormalmente desarrollados. En Abisinia, por ejemplo, casi cualquier mujer puede contraerlos hasta el extremo de provocar dolor en el hombre (¿nos habla Burton de su propia experiencia personal?). Acuclilladas sobre los muslos del hombre, son capaces de inducir el orgasmo en él, sin mover ningunas otras partes de sus cuerpos. A tales artistas se las denomina en árabe kabbazah, que literalmente significa “poseedora, agarrador o receptáculo”, y no es pues, de extrañar que los mercaderes de esclavos estén dispuestos a pagar sumas exorbitantes por una mujer dotada de tal habilidad. Todas las mujeres tienen ese poder en mayor o menor grado, pero lo cierto es que lo descuidan. Ciertamente en Europa hay abundantes razas que jamás ha oído hablar de este poder”.
Harar era una ciudad cruel sin duda, situada en una región del mundo en la que la crueldad era moneda corriente. “El gobernador de Harar es el amïr. Se trata de príncipes caprichosos que tienen por costumbre matar y encarcelar a todo aquel que sea sospechoso de aspirar al trono”.
“Los castigos, siempre y cuando el dinero no forme parte de ellos (en concepto de multas), suelen ser acordes con el código del Corán. Al asesino se le coloca en la plaza del mercado, con los ojos vendados y atado de pies y manos. El pariente más próximo del asesinado le corta el cuello con un pesado y afiladísimo cuchillo de carnicero, tras lo cual se hace entrega del cadáver a sus familiares, para que lo entierren según el ritual musulmán… Cualquier latrocinio se castiga con la amputación de la mano”.
Muy a menudo se dedicó Burton a otros pasatiempos que sin duda le resultaron muy de su agrado, en su estado de bárbaro aficionado, como son las ingestiones de khat y las charlas acerca de cuestiones religiosas. Se percató que las gentes de Harar comían khat (“que aquí se llama jat”) a diario, “desde las nueve de la mañana hasta el mediodía, siempre que hubiera cenado la noche anterior.
La religión fue un tema que siempre le interesó vivamente y, en Harar disfrutó de abundantes oportunidades. “No hará falta decir que Harar se enorgullece lo indecible de sus conocimientos, su santidad, sus muertos consagrados… Salvo las ciencias de la religión, no se cultiva ninguna otra”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.