Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En Wilensi, Burton había confiado en encontrarse con el gobernador, el gerard Adan, sólo que este gerard – término que equivale al de príncipe o sultán - había salido, dejando a sus mujeres que se ocuparan del forastero. El gerard era un hombre de importancia y, Burton necesitaba su ayuda. Era además pariente del amïr de Harar y, Burton confiaba en que le facilitase un salvoconducto hasta la ciudad.
Por fin tuvo noticia de que el gerard Adan se hallaba en otra aldea no demasiado alejada. Burton se vio obligado a desmantelar su caravana, ya que había de atravesar una región aún más difícil y peligrosa. Tanto las criadas, como la mayoría de los hombres habían de quedarse en Wilensi. Llevándose tan solo los objetos indispensables. Burton partió el 29 de diciembre de 1854.
Por fin en una aldea llamada Sagharrah, dieron con el gerard Adan, “un beduino fuerte y nervudo… de unos 45 años de edad, de un metro ochenta, por lo menos… sonrisa taimada… Resultó ser a la postre, uno de esos astutos idiotas, con los que tan difícil es lidiar”.
El gerard exigió innumerables objetos. Pronto quedó bien claro, que no solo no iba a proporcionar ninguna ayuda a Burton para llegar a Harar, sino que también tenía bastante temor del amïr. “Permanecimos seis días bajo el techo del gerard Adan, uno de los jefes más traicioneros y peligrosos, de aquella tierra sembrada de traiciones y peligros. De los jefes de aquella tierra sembrada de traiciones y peligros”, iba a escribir Burton en su informe para la Royal Geographical Society.
Estaba bien claro que Burton se hallaba en una muy precaria posición. La audacia, así pues, parecía la única opción abierta. “Aventando todo presentimiento”, Burton decidió “confiar en lo que ha hecho grande a tantos hombres pequeños, es decir, en la buena estrella”. Se había dado cuenta de que su disfraz de árabe era a esas alturas más perjudicial que beneficioso. “La blancura de mi rostro me convertía automáticamente en un turco, nacionalidad más odiada que la de los europeos, sin tener siquiera nuestro prestigio”.
La jugada más sabia parecía ser la de presentarse abiertamente como inglés. Escribió en inglés una carta firmada por el agente político – es decir, por Outram – destinada al amïr de Harar, que había de entregar personalmente, en calidad de enviado del gobierno de Su Majestad.
Durante todo el tiempo que permaneció en Sagharrah, se sintió demasiado indispuesto, hasta el punto de no poder ponerse en pie. Yació bajo un árbol, prácticamente desvalido.
Pues eso.
Continuará.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.