EE.UU. Debates constituciones. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Los federalistas, al estar impulsados por el anhelo de alcanzar un objetivo, en vez de por el pánico, elaboraron una exhaustiva argumentación a favor de la Constitución, a la que a los antifederalistas les fue imposible refutar. El poder de la palabra escrita, como ya había ocurrido en la Norteamérica colonial, resultó crucial en esta fase inicial, de lo que los historiadores denominan la “República Temprana”. Tres de los federalistas, Hamilton, Jay y Madison, escribieron y publicaron, bajo el pseudónimo de “Publio”, lo que acabó por conocerse como los “Federalist Papers” en 1788. Esta colección de 85 ensayos, que aparecieron originalmente en los periódicos de Nueva York, son vistos hoy, de forma justificada, como la piedra de toque, de la perspectiva política estadounidense. En ellos, no sólo aparecía definida la postura federalista, sino también refinada.
De manera poco sorprendente, dada la experiencia colonial, muchos de los argumentos iniciales, presentados en los “Federalist Papers”, tenían que ver con la perniciosa influencia de la guerra, y de las injerencias extranjeras. Sin un gobierno central fuerte, sin una Unión totalmente operativa, sostenía Hamilton en el “Federalist” nº 6, los estadounidenses quedarían peligrosamente “expuestos”, a las “armas y artimañas de las naciones extranjeras. Al mismo tiempo, era consciente del riesgo “producido por las disensiones entre los propios estados, y por facciones y convulsiones dentro de nuestras propias fronteras”. “Una Unión sólida – insistía Hamilton – será sumamente importante para la paz y la libertad de los estados”.
Madison, otro coautor de los “Federalist Papers”, tenía sus propias ideas, respecto a como podía lograrse y mantener sólida esa Unión. En tanto que Benjamin Rush (uno de los firmantes del acta de independencia) había hecho hincapié, en la necesidad de mejorar “los principios, la normas morales y la educación” de los ciudadanos, para construir el edificio republicano, Madison tenía una visión bastante más pragmática, de la naturaleza humana. Puesto que creía, que las “causas de la discordia”, no eran un problema específicamente estadounidense, sino que estaban “dentro de la semilla del hombre”, veía la expansión de la nueva república – geográfica y demográficamente – y su estructura constitucional, como las garantías gemelas, para su futuro. La seguridad, para Madison, residía en el número. Aunque expresado en el lenguaje de la teoría política, planteaba lo que era, a efectos prácticos, una seguridad estadística, por medio de la cual, ningún individuo quedaría desprotegido, sin que hubiera una alta probabilidad, de que algunos de los grupos impusiera su perspectiva, fuese religiosa, regional o económica, sobre el conjunto. Los antifederalistas no estaban convencidos. En un intento de rebatir los argumentos de los “Federalist Papers”, advirtieron que “al dar forma a una Constitución… se debería poner gran cuidado, en definir y limitar sus poderes, ajustar sus partes, y proteger contra el abuso de autoridad”. Si existía una verdad “evidente de que todos los hombres son libres por naturaleza”, de ello se colegía, que los hombre no debían “asumir o ejercer autoridad sobre los demás”. Por el contrario, el “origen de la sociedad” no radicaba en la autoridad, sino en “el consenso de aquellos que se asocian” voluntariamente.
La perspectiva antifederalista consistía simplemente, en que depositaban su fe en el individuo, en vez de en la institución, en el ciudadano en vez de en la Constitución, y deseaban conservar tanto poder como fuese posible, en los distintos estados individuales, en vez de cederlo totalmente, a un gobierno central. Aun así, la fe federalista resultó al final, la más convincente, quizá porque ofrecía mucho más.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.