La monarquía feudal inglesa
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La monarquía inglesa medieval arrancó claramente en el siglo IX con los príncipes sajones. Uno de estos reyes, Eduardo III, el confesor, eligió como sucesor a un personaje del otro lado del Canal de la Mancha, Guillermo el Conquistador, duque de Normandía. A partir de ese momento nació una situación compleja y ciertamente conflictiva entre Inglaterra y Francia porque los reyes ingleses mantuvieron muchos territorios en Francia y, por ello, serían vasallos del rey galo.
Pero, además, la designación de sucesor en la persona de Guillermo motivó un fuerte conflicto en la propia Inglaterra porque los nobles no respetaron la decisión real y eligieron como sucesor a Harold, un príncipe danés. Guillermo no se amilanó y reclamó la corona. En 1066 puso en marcha una potente armada, cruzó el Canal de la Mancha e invadió Inglaterra, coronando con éxito su empresa.
En Inglaterra el proceso de fortalecimiento del poder real comenzó de forma clara con el rey Enrique II (1154-1189), enfrentándose a los señores feudales, promulgando leyes que intentaban combatir las prácticas y costumbres feudales. Pero, además, el monarca tuvo problemas en Francia porque sus vasallos del continente, contrarios a su política, encontraron el apoyo de la monarquía francesa.
Por otro lado, en realidad, la controversia mayor del momento tuvo que ver con la Iglesia. El primado inglés, Tomas Becket se opuso a las leyes que también buscaban limitar la autoridad eclesiástica. Llegó a excomulgar al rey y tuvo que exiliarse. Regresó a Inglaterra pero se negó a levantar la excomunión. Fue asesinado en 1170 en la propia catedral de Canterbury. --Un hecho fundamental en la historia inglesa tuvo lugar en 1215 con la concesión de la Carta Magna, por el rey Juan sin Tierra. Supuso el primer capítulo de un sistema político distinto, en realidad, al que tendió a darse, no sin muchas dificultades y en un largo lapso de tiempo en la Europa continental sobre el robustecimiento del poder real, con alguna excepción como en la Corona de Aragón. En Inglaterra se fraguó un sistema que establecía unas relaciones especiales entre la corona y el parlamento y que se basaban en la limitación de la primera frente a los estamentos presentes en el segundo.
Por la Carta Magna el rey prometía dejar a la Iglesia libertad para elegir sus obispos. Prometía no exigir más derechos feudales que los establecidos. Además, prometía que se conservarían las libertades de las ciudades, comenzando por Londres. A los mercaderes se les prometía, por su parte, un orden en las medidas y pesos. El rey garantizaría a esos mismos mercaderes la libertad de salir y entrar en Inglaterra y desplazarse por tierra y mar para comprar y vender sin pagar impuestos, según sus antiguas costumbres, salvo en tiempos de guerra. El rey se comprometía a pedir el consentimiento del Consejo del Común antes de imponer un impuesto extraordinario. Por fin, el rey prometía respetar la libertad individual, lo que se conoce como el “habeas corpus” existente en las costumbres feudales. Ningún hombre libre podría ser privado de su liberad sin que fuera juzgado legalmente.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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