La Guerra de los Cien Años
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En anteriores piezas en esta sección de Historalia hemos estudiado las características de las monarquías feudales francesa e inglesa. En el presente trabajo veremos como los enfrentamientos entre ambas coronas en relación con los vasallajes y derechos al trono terminaron por desembocar en un largo conflicto bélico, entre 1339 y 1453, la conocida como Guerra de los Cien Años, sin olvidar los factores derivados de la crisis general bajomedieval, demográfica, económica y social, que agitó a toda Europa en aquel período.
El desencadenante del conflicto se produjo por las pretensiones de Eduardo III de Inglaterra, nieto por línea femenina del rey francés Felipe el Hermoso, al trono galo. Los franceses no querían un rey inglés, y se decidieron por apoyar Felipe de Valois, que era sobrino de Felipe el Hermoso.
Pero Eduardo no estaba dispuesto a renunciar a lo que creía un derecho y se preparó para la guerra. Busco aliados en Flandes, Alemania y Castilla. Entre 1340 y 1360 consiguió importantes victorias, como la naval de L’Escluse, o la de su ejército en Crécy, además de tomar Calais. En consecuencia, Francia perdió una parte de su territorio. Pero la llegada al trono francés de Carlos V (1364-1380) supuso un cambio de tendencia porque Francia comenzó a recuperarse de sus derrotas. En este sentido, muy importante fue la ayuda de los mercenarios al mando de Beltrán Duguesclin.
Las cosas parecían que volvían a empeorar en Francia con la muerte del rey Carlos porque se desencadenó un conflicto interno, siendo una oportunidad que no dejaron de aprovechar los ingleses para volver a invadir el territorio. Parecía que su victoria iba a ser definitiva. Enrique VI fue proclamado rey de Francia en París y de Inglaterra. Pero, de forma simultánea el delfín, es decir, el heredero del rey Carlos, el futuro Carlos VII, también se proclamó rey de Francia, pero su situación era muy débil. Y ese momento apareció un personaje peculiar, Juana de Arco. Manifestó que Dios le había encargado la expulsión de los ingleses y la consolidación del rey de Francia. Estas proclamas parecieron galvanizar a los franceses, y un ejército pudo levantar el sitio que habían puesto los ingleses a la ciudad de Orleans. El delfín podía ser ya consagrado como rey de Francia en la catedral de Reims.
Carlos VII consiguió expulsar a los ingleses de Normandía y Guyena. La guerra, por fin, había terminado, aunque Calais se mantuvo bajo poder inglés hasta 1558.
La guerra dejó un reguero de destrucción, especialmente en Francia, con muchos campos destrozados, pueblos abandonados y un considerable descenso de la población joven masculina, la que había hecho la guerra. También hubo otras consecuencias sociales, ya que la guerra redobló la fiscalidad y eso recayó tanto sobre los campesinos como sobre los habitantes de las ciudades, alentando revueltas.
Desde el punto de vista político, la guerra fortaleció el poder político de la corona, especialmente, la francesa.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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