Baruch Spinoza. En La Haya. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Antes de entrar a examinar la edición del TTP (Tratado teológico-político) y sus primeras críticas, recordemos tres noticias del año 1669, que tienen que ver con Spinoza. El 20 de abril, Leibnitz envió una carta a su profesor y amigo Jacob Thomasius, en la que mencionaba a Spinoza entre otros “cartesianos”, como si no fuera otra cosa que un comentarista de Descartes. No obstante, si se tiene en cuenta que él tendía a identificarlos con los “materialistas”, ese calificativo con el que aludía al PPC (Principios de filosofía de Descartes) pudiera tener un sentido análogo al de “ateo”, que ya le diera O. Borch.
La segunda noticia es que, en octubre de ese mismo año, moría Rembrandt en la miseria y, el hecho no pudo para desapercibido.
Pero hay otra noticia que le concernía más de cerca a él. Muy poco antes de que se fuera a vivir a La Haya, su amigo L. Meyer fundó en Ámsterdam la sociedad literaria Nil volentibus arduum (“Nada hay arduo para quienes tienen voluntad”) la cual duraría casi dos décadas. Algunos autores se inclinan a pensar que Meyer como director y Bouwmeester como secretario, le imprimían cierto sello spinoziano, puesto que consta que el segundo comentó, en dos sesiones, ideas de Spinoza, una sobre el dominio de las pasiones y, otra sobre la verdad.
Por fin, después de unos cinco años de estudio y aislamiento, el editor Jan Rieuwertsz de Ámsterdam, uno de los fieles amigos y confidentes de Spinoza, sacó a la luz su libro sobre la Escritura, bajo el extraño título de Tractatus theologico-politicus, pero sin nombre de autor y, con falso pie de imprenta.
El brillante y polémico tratado, de defensa de la libertad de expresión, como rezaba el subtítulo, pronto fue rebautizado como De libertate philosophandi. Y con razón, puesto que desde el “Prefacio” hasta el último capítulo, Spinoza no escatimaba elogios ni al Estado ni a la ciudad de Ámsterdam, por su defensa de la libertad y, por su progreso, a la vez que la reclama para todo Estado.
Sin embargo, como ya hemos apuntado, las críticas contra el TTP, no se dejaron esperar. Hoy sabemos que antes de la crítica de Thomasius, ya se había producido la de la iglesia local de Utrecht el 8 de abril y, que a la del alemán siguieron otras cuatro en unos ocho días. Se diría que las autoridades religiosas y las civiles, rivalizaban unas con otras, por alertar del libro, no tanto al pueblo cuanto, al clero, aun cuando el latín y el hebreo, fueran auténticas vallas de espinas más punzantes que cualquier prohibición. Pero, por lo demás, esos textos de condena, como otros muchos por el estilo que Freudenthal recogiera, no tienen ahora más valor que el religioso y social, ya que no analizan sus doctrinas.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.