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Sobre Goya como pintor del pueblo: una reflexión de Emiliano M. Aguilera


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

A Emiliano M. Aguilera hemos acudido en muchas ocasiones para reflejar sus opiniones y estudios sobre arte y cultura desde el seno del socialismo español. Debemos recordar que en los años veinte y treinta llenó las páginas de El Socialista con sus comentarios y reseñas de arte, además de sus artículos de opinión sobre política cultural y de conservación del patrimonio. Ahora nos atrae su tesis de Goya como pintor del pueblo, que reflejó en un artículo del Almanaque de El Socialista para el año 1929, y que plantea una visión distinta a la clásica sobre el tema.

Aguilera consideraba que tradicionalmente se había considerado a Goya como un pintor del pueblo porque reflejaba en sus lienzos y cartones al pueblo cuando se divertía y también cuando el pueblo, sintiéndose afrentado y escarnecido por las huestes de Napoleón, se revolvía “en heroico gesto”. Aguilera no negaba estas consideraciones, y que esas dos formas existían en la pintura de Goya, pero el pintor había realizado otras obras, que consideraba las mejores, que le acreditaban, realmente, como pintor del pueblo.

Los oficios manuales y los rudos trabajos de los obreros habían sido temas muy excepcionalmente cultivados por los artistas, y en este momento, Aguilera desplegaba su erudición para hacer un repaso desde la época más antigua hasta el siglo XVII.

En la tesis de Aguilera Goya era un hijo del pueblo, conocía sus virtudes, y su corazón de artista genial le había informado que en el pueblo había belleza y gracia, lo mismo cuando se divertía, que cuando trabajaba, que cuando, hambriento pedía pan u ofendido castigaba a los ofensores. Y, de nuevo, el gran saber de nuestro autor le llevaba a realizar a digresión sobre la existencia de la belleza en el trabajo.

Goya no poetizaba el trabajo, lo encontraba poético y lo copiaba, eso sí, de forma genial, sin olvidar un solo detalle. Ahí estarían, “Las mozas del cántaro”, “Las lavanderas”, “Los leñadores”, “La era”, “Fabricación de pólvora”, “Los herreros”, etc.. Esa última obra, en su opinión, que figuraba en la Colección Frick, era una de las páginas “más substanciales de la pintura universal”. Era una obra capaz por sí sola de acreditar, siempre según nuestro autor, a Goya como el más formidable pintor “que vieron los siglos”. Era un poema lírico dedicado al trabajo. Era la obra que consagraba al artista como “pintor del pueblo por antonomasia”.

Así pues, Goya era el pintor del pueblo cuando pintaba al puedo divirtiéndose, cuando, encolerizado, se batía con los invasores, pero, sobre todo, lo era cuando pintaba al pueblo trabajando.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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