Publio y “el federalista”
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El 17 de septiembre de 1787, la Constitución (de los EE.UU.) fue enviada los trece estados, para que la ratificasen. En Nueva York se celebró una convención especial en Poughkeepsie. Alexander Hamilton asistió para garantizar su ratificación, a pesar de la facción republicana, encabezada por el poderoso gobernador del estado, George Clinton. Como era muy propio de él, Hamilton se lanzó enseguida al ataque. Pero George Washington le disuadió. Necesitaban al poderoso Clinton para su república.
Fue entonces, cuando Hamilton decidió escribir una serie de artículos, para anticiparse a las objeciones. Como era costumbre entonces, los publicaría en la prensa con un seudónimo. Y utilizó el de “Un ciudadano de Nueva York”. Proyectaba unos veinte artículos, con el título general de “El federalista”. Pero cuando se publicó el primero, el 27 de octubre de 1787, se dio cuenta de que necesitaría ayuda.
Hamilton recurrió a John Jay, que accedió a ayudarle. Jay no había acudido a la Convención de Filadelfia, de donde salió la Constitución, pero era un experto en relaciones exteriores. Hamilton apeló asimismo a James Madison, cuyas notas fueron esenciales para la empresa.
El seudónimo de “Un ciudadano de Nueva York” se retiró enseguida, y el de “Publio” ocupó su lugar. El uso conjunto de Publio Valerio, fue sin duda calculado para complacer a Jefferson, e incluso a Clinton. Tas la expulsión de los reyes Tarquinos, Publio Valerio había contribuido a crear la república romana. Después fue nombrado uno de los dos primeros cónsules. Cuando su colega cónsul murió, se rumoreó que Publio se proclamaría rey. Para demostrar que no era monárquico, promulgó una ley que estipulaba, que cualquier ciudadano podía matar con impunidad, a quien intentara proclamarse rey. El sobrenombre de Publio era “Publicola”, “el amigo del pueblo”.
La principal tarea de “Publio” fue una de definición. La cháchara política actual, parece creer que “democracia” y “república” son sinónimos. No lo son. Como Publio trató de aclarar, eran tan diametralmente opuestas, como monarquía y república. Para los padres fundadores, democracia significaba Atenas, donde todos los ciudadanos se reunían a debatir y promulgar leyes. La voz del pueblo era, en efecto, buena. Pero esto era posible en una pequeña ciudad como Atenas, pero impracticable en una vasta nación, de tres millones de habitantes, que cada vez se expandía más, sobre una amplia zona de Norteamérica.
Rara vez se observa que, en 1776, un norteamericano de cada cuatro era inglés. Si Inglaterra hubiera permitido a los americanos, elegir miembros del Parlamento, anulando así el grito de “sin representación, ningún impuesto”, podría no haber habido una revolución. Pero al final decidió la geografía. Entre una elección y un viaje trasatlántico, el parlamentario americano estaría siempre lejos de su casa y sus electores, de manera que no podría representarlos adecuadamente. Así pues, ahora, el país iba a tener su propio gobierno.
Según el historiador Richard B. Morris, los artículos de “El federalista” son una "exposición incomparable de la Constitución, un clásico en la ciencia política sin igual en amplitud y profundidad, con el producto de cualquier escritor americano posterior".
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.