Vandervelde: movimiento obrero y marxismo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La revista española Vida Socialista publicó en su número del 21 de abril de 1912 un artículo del destacado socialista Émile Vandervelde, al que hemos dedicado no pocas páginas en El Obrero, sobre la relación entre el movimiento obrero y el marxismo en el que hacía pedagogía. Lo recuperamos en esta pieza.
Para Vandervelde había tres tesis irrefutables y sin las cuales no se podía entender el socialismo en el Manifiesto Comunista:
- “A medida que la grande producción se desenvuelve, la asociación de la propiedad y del trabajo se deshace y produce el divorcio de la propiedad y el trabajo”.
- El proletariado -esto es, la clase de los trabajadores sin propiedad-, debe organizarse política y económicamente para la lucha contra la clase capitalista.
- Esta organización debe entenderse por la Federación de los partidos nacionales de los trabajadores de todos los países”.
Así pues, había tres cuestiones fundamentales: “concentración capitalista”, “lucha de clases” e “internacionalismo”.
Podía argumentarse que había sitios donde la producción se efectuaba sin todavía se diese la mencionada “concentración capitalista”, pero, en general las grandes explotaciones se multiplicaban y agrupaban, aplastando bajo ellas a las masas de proletarios. Recordemos que Vandervelde estaba escribiendo en plena Segunda Revolución Industrial.
Por otro lado, los proletarios estaban tendiendo cada vez más a organizarse sobre el concepto de la “lucha de clases”, con un programa basado en el alemán de Erfurt, inspirado en el marxismo. Cuando Marx murió la Primera Internacional estaba disuelta, el socialismo francés se resentía de la derrota de la Comuna, ni había partido socialista en Inglaterra ni en Rusia. Pero Alemania emergía sola frente a la inconsciencia proletaria.
Pero cuando Vandervelde escribía era evidente el desarrollo del socialismo, como se había visto en el reciente Congreso de Stuttgart, donde Kautsky había podido decir que la Alemania socialista había perdido su hegemonía no por una disminución de su propia fuerza, sino porque otras naciones habían aumentado enormemente. De un lado al otro del mundo los trabajadores unificaban su programa, y que se vinculaba a lo que Marx había señalado sobre la “internacionalización de las fuerzas obreras”, como una necesidad suprema del movimiento obrero.
La frase final del Manifiesto, es decir, “Proletarios de todos los países, uníos” era clave para el belga. Habían hecho falta quince años para esas palabras fructificasen a través de la Primera Internacional. Y habían hecho falta cuarenta años para que después de muchos reveses, la Internacional se reconstituyese y se organizase. Vandervelde añadía que parecía imposible que se pudiera concebir su disolución, pero nosotros conocemos la historia.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.