La crisis constitucional danesa de 1920
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Dinamarca vivió en el período de entreguerras seguramente la crisis política más importante de su historia contemporánea, y que tuvo mucho que ver con dos cuestiones fundamentales: el asunto de Schleswig, el territorio perdido contra los prusianos en el siglo anterior en pleno proceso de unificación alemana liderado por Bismarck, y por otro lado, con el papel de la Corona en el sistema político constitucional que se había inaugurado con la primera Constitución danesa de junio de 1849.
La Crisis de Pascua de 1920 estalló cuando el monarca Christian X destituyó al Gobierno de Carl Theodor Zahle, ejerciendo una potestad que tenía concedida, ya que, como es sabido, debemos recordar que en la mayoría de las monarquías constitucionales nacidas en el siglo XIX los monarcas conservaban mucho poder, especialmente el ejecutivo frente al modelo posterior de monarquía parlamentaria. El rey había tomado dicha decisión porque consideró que Zahle no había sido contundente en relación con el asunto de Schleswig.
Los daneses nunca habían renunciado a la reunificación con este territorio después de su derrota contra Bismarck y el final de la Gran Guerra supuso un momento propicio para hacer valer sus derechos. El Tratado de Versalles estableció que debían celebrarse dos plebiscitos, uno en Schleswig septentrional y otro en el Schleswig central. En el norte el resultado fue favorable a la reunificación con Dinamarca, pero los resultados en el centro fueron a la inversa. En consecuencia, Zahle decidió acatar los resultados, resolviendo la reunificación del norte y dejando el sur en manos alemanas. Pero esta decisión movilizó a los nacionalistas daneses que defendían la reunificación total, recibiendo el apoyo del rey. En consecuencia, Christian ordenó al primer ministro que procediera a la reunificación de ambos territorios, pero Zahle se negó. Y aquí es donde se plantea el conflicto porque, aunque estaríamos en el seno de una monarquía constitucional con las características que hemos explicado, Dinamarca había evolucionado muy pronto, ya a comienzos del siglo XX, gracias a la actuación del Gobierno Deuntzer, hacia un funcionamiento más parlamentario. Zahle consideró que el rey se extralimitaba y se enfrentó al mismo, provocando una reunión muy tensa, y la consiguiente dimisión del político.
Christian aceptó la dimisión y destituyó al resto del Gobierno, nombrando uno nuevo provisional de signo político conservador bajo la dirección de Otto Liebe.
Pero la decisión del monarca generó una vivísima reacción de la opinión pública, casi de insurrección revolucionaria, peligrando la propia existencia de la Monarquía en este país nórdico.
Christian fue consciente del peligro y entró en negociaciones con los socialdemócratas para solucionar el conflicto. Se formó una especie de Gobierno de compromiso con Michael Pedersen Friis al frente hasta que se celebrasen elecciones, que debían producirse en ese mismo año de 1920.
Fue una lección que aprendió la Corona danesa porque, desde entonces, se mantuvo en un papel de respeto parlamentario, aunque, curiosamente en teoría se mantienen los mismos poderes.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.