Charles Rappoport y su crítica al revisionismo (1910)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Charles Rappoport (1865-1941) fue un político, periodista y escritor judío ruso socialista y comunista, pero que vivió y desarrolló su compromiso en Francia desde que emigrara allí a finales del siglo XIX. Rappoport comenzó con un intenso activismo en el seno de la comunidad judía parisina. En 1901 fundó el Groupe des ouvriers israelites de tendencia socialista. Se vinculó a la SFIO, aunque en 1914 criticó duramente al Partido a raíz de la aceptación de la Guerra. En el famoso Congreso de Tours de 1920 estaría en la fundación del Partido Comunista Francés, siendo elegido miembro de su Comité. Aunque apoyó a Frossard, aceptó, en principio, la vinculación del Partido con la URSS. Pero también es cierto que en los años treinta discrepó de esa estrecha dependencia de Moscú, y se salió del Partido en 1938.
En octubre de 1910, Vida Socialista publicó un trabajo suyo contra el revisionismo internacional en relación con el Congreso de Copenhague de la Segunda Internacional, celebrado en el verano de aquel año.
Rappoport consideraba que el revisionismo era la adaptación del socialismo al espíritu y al medio burgués, y que no había sido desarmado. Tendía a fortalecer sus posiciones internacionales y para ello no desdeñaba el concurso de la prensa y los gobiernos burgueses porque habían comprendido que todo partido revisionista iba contra el socialismo.
Pero también consideraba que la crítica revisionista había fracasado. Para nuestro autor, Bernstein, considerado como el “destructor de Marx” por parte de la burguesía, era un espíritu extremadamente superficial, vacilante y hasta difuso. Su idealismo era un retorno a Kant, que había servido para farsantes y monárquicos, quienes, por otra parte, podían pasarse bien sin el filósofo alemán para atravesar los ministerios y palacios como habría hecho Briand, en alusión a la deriva de algunos socialistas franceses hacia posiciones de colaboración con los partidos y gobiernos, y que, como bien sabemos, generó un intensísimo debate en la Segunda Internacional.
El revisionismo, insistía, estaba en ruinas, y no sólo por las refutaciones, calificadas de brillantes, de Kautsky, Pikhanoff o Rosa Luxemburgo, entre otros. Lo estaba por la realidad implacable de la evolución capitalista que había hecho resaltar todo lo que había de superficial y quimérico en las “fantasías revisionistas”.
Pero también era cierto que el revisionismo, y siempre según nuestro protagonista, no estaba decidido a declararse vencido, al sentirse fortalecido por la inconsciencia de las masas y el estado político atrasado de gran número de países. Había sido combatido en el Congreso de la Segunda Internacional de Ámsterdam en 1904, pero esperaba su revancha.
El revisionismo tendía a revisar lo que Rappoport denominaba la constitución socialista elaborada en Ámsterdam. Un hecho importante se había producido en la víspera del Congreso de Copenhague, y que reafirmaría su afirmación de que algunos socialistas por inconsciencia o por rivalidades personales estaban minando la unidad socialista. Se refería a que un líder de la Internacional había hecho adoptar por un Congreso Nacional la participación eventual en el poder burgués, algo contrario a los que la Segunda Internacional había aprobado. Si la coalición liberal-socialista hubiera vencido en las últimas elecciones belgas, el Congreso de Copenhague hubiera tenido su “caso Vandervelde” a resolver, mucho más grave que el “caso Frank” de Magdebourg, porque los revisionistas hubieran aprovechado la ocasión para solicitar que se les volviesen a abrir las puertas de los ministerios, esas que se habían cerrado en el Congreso de Ámsterdam, es decir, la conveniencia de participar en gobiernos con otras fuerzas políticas.
Pero el revisionismo, insistía, seguía vivo. Los revisionistas de la Internacional al oponer la acción reformista a la acción socialista hacían de la primera un equívoco real porque las pretendidas reformas se convertían en un medio de esclavitud material e intelectual del proletariado.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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