Il Duce. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Al igual que muchos otros países europeos, Italia salió de la PGM, con unas instituciones políticas profundamente heridas, una economía muy débil, una masa de soldados desmovilizados y en paro y, un pueblo desorientado, por la enormidad de los sacrificios hechos y, las nimias ganancias obtenidas a cambio. Cuando Mussolini celebró, la primera concentración del movimiento fascista, en marzo de 1919, tan sólo se presentaron unos 50 partidarios. Sin embargo, a partir de 1920, comenzó a ganar adhesiones, al defender los avances italianos en los Balcanes, así como la idea, en la que insistió con frecuencia, de que Italia tenía que dominar, tanto el Adriático como el Mediterráneo.
En las elecciones de 1921, extremadamente violentas, los fascistas obtuvieron 35 escaños. Mussolini fue pionero en tácticas terroristas contra sus adversarios políticos, de una violencia tal, que dejó consternados a muchos de sus propios partidarios. Pero estos métodos, atrajeron a las filas fascistas a matones violentos y despiadados, hombres dispuestos a destrozar, los gobiernos municipales socialistas y, las sedes de los sindicatos. Mientras tanto, los gabinetes ministeriales iban y venían, presididos por políticos mediocres, que no podían o no tenían, intención de frenar a los fascistas, a quienes consideraban el antídoto, contra los socialistas.
En 1922, los socialistas convocaron una huelga general, para protestar contra la violencia fascista. Mussolini lanzó a sus fieles, a destrozar sus imprentas, deshacer sus piquetes y, ocupar municipios gobernados por socialistas, todo ello, en nombre de la defensa del orden público, contra la amenaza revolucionaria. Mussolini, tras darse cuenta, de que el débil Gobierno y, el Parlamento dividido de Italia, no actuarían contra él, comenzó a organizar su insurrección, “para agarrar por el pescuezo a la miserable clase política que nos gobierna”. La noche del 27 al 28 de octubre de 1922, grupos de fascistas, comenzaron a ocupar edificios gubernamentales y centralitas telefónicas. El rey Víctor Manuel III, tímido y, confundido por consejos contradictorios, no firmó la orden, que autorizaba la instauración de la ley marcial, sino que, muy al contrario, el día 29 nombró a Mussolini, entonces con 39 años y sólo con una séptima parte de los escaños del Parlamento, primer ministro de Italia.
Pero ser coronado por real decreto, no encajaba con su imagen de revolucionario, por lo que organizó con sus seguidores una “Marcha sobre Roma”, más de 24 horas “después”, de que le fuera entregado el poder. De este modo, Mussolini creó el mito, de que había sido llevado al poder, por una insurrección popular, que había impedido una revolución socialista. Los italianos, desmoralizados por la incompetencia del Gobierno y, por semanas de anarquía, se doblegaron ante el resultado.
Una vez en el poder, Mussolini era como el perro que persigue a un vehículo y que, cuando lo alcanza, no sabe que hacer. La respuesta de Mussolini, fue exportar su reputación de violento imprescindible, a la esfera internacional. Resulta muy tentador, calificar a Mussolini de simple bufón, debido a la inmensa brecha que se abría, entre sus pretensiones megalómanas, y la escasa potencia militar e industrial de Italia. Pero la bravuconería era parte integral de su estilo. Se mostraba así de forma calculada, tanto para engañar a sus amigos y enemigos, como para añadir dramatismo, a las vidas de los italianos corrientes, cuya vida hubiera sido aburrida y carente de emociones. Mussolini necesitaba “coups de théâtre”, para dar la impresión de solidez, a un régimen que no dejaba de estar hueco, desde el punto de vista ideológico. La preocupación internacional, que provocaban sus iniciativas, le llenaba de satisfacción. Los italianos adoraban la teatralidad de Mussolini, sus pomposos uniformes y sus ampulosos discursos, pues confundían, al igual que su líder, charlatanería, hipocresía e histrionismo, con prestigio y respeto internacional. Los italianos parecían estar ansiosos, de asistir a un espectáculo burlesco y, Mussolini no tuvo ningún reparo, en ofrecerles una interpretación estelar.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.