Los godos. La dificultad de escribir sobre ellos
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
No es fácil escribir sobre los godos (es más exacto el término “godo”, que el de “visigodo”) sin caer en el mito historiográfico, y en los tópicos usuales – casi nunca contrastados – que obstaculizan el estudio, de su presencia en las Hispanias. Toda su historia está llena de complejidad. Complejos fueron sus orígenes como pueblo. Complejas fueron siempre, sus relaciones con el Imperio Romano. Y no está exento de controversias y debate, el periodo de su dominio en las provincias hispanas.
La complejidad del tema, no proviene únicamente del trabajo siempre incompleto – y en escasas ocasiones poco exigente – de los historiadores, sino que, en buena parte, tiene su origen en el discurso, no siempre inocente, de las propias fuentes literarias. Como escribe Rosa Sanz Serrano (catedrática del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la UCM) tengamos presente, que se trata de una etapa de más de cinco siglos, y que toda ella, está llena de lagunas documentales, y de incógnitas respecto a la comprensión, de muchos documentos. Por eso, cuando la problemática se vuelve muy compleja, muchos historiadores optan, optamos, por una narración coherente y ordenada de los hechos, a costa de omitir una parte de la riqueza de matices, que presentan los debates historiográficos. No obstante, en más de una ocasión, nos vemos, casi obligados, los historiadores, a ofrecer al potencial público, las distintas, y a veces contradictorias, teorías que son, hoy en día, objeto de controversias.
A pesar de que, en estos modestos escritos, nos refiramos con frecuencia a los godos en general, al análisis de su orígenes, de su contactos con el Imperio Romano y, especialmente, al de su presencia en Galia y en Hispania, básicamente hablaremos del grupo conocido como “visigodo”, puesto que los denominados “ostrogodos”, que llegaron tiempo después, y dominaron en Italia, son un fenómeno distinto, que merecería un análisis diferente. El término “visigodo”, aparece muy tardíamente en las fuentes, y no define, en toda su extensión, a los extranjero que, en un momento dado de nuestra historia – entre los siglos V y VII d. de C. – tuvieron que compartir con los hispanorromanos su destino. De hecho, ellos mismos (los visigodos) se autodenominaban godos, no visigodos, y no escaparon del mestizaje con otras poblaciones, antes y después, de llegar a la Península Ibérica.
El periodo godo en España, se caracteriza por ser una época, en la que se produjeron profundos cambios ideológicos e institucionales, se desarrollaron nuevas formas de vida, se ajustaron los componentes sociales y económicos, a unas nuevas alineaciones políticas y religiosas y, sobre todo, tuvo lugar una simbiosis entre los antiguos habitantes de los territorios, y las nuevas poblaciones extranjeras, que los dominaron en parte. En este proceso, que estuvo lleno de altibajos, las Hispanias – en plural dado el último uso de los emperadores romanos y los mismos godos, para denominar a los territorios peninsulares – nunca estuvieron aisladas, por lo que no podemos estudiarlas, al margen de los sucesos generales, que determinaron la caída del Imperio Romano, y la implantación de los reinos germánicos, que heredaron sus territorios.
En los últimos años de ese imperio agonizante, las Hispanias ocuparon un escaso lugar, en las fuentes oficialistas romanas (Amiano Marcelino, Zósimo, Sozomeno, la leyes imperiales… etc.), seguramente por estar muy alejadas, del epicentro del conflicto militar, y de la crisis política. Esa escasez de información para determinados momentos, apenas si puede ser cubierta por las fuentes locales, como Orosio, o el obispo galaico Hidacio de Chavez (autor de una “Crónica” bastante completa). Sin embargo, fue precisamente la restauración de la organización estatal, que supuso la monarquía goda, la que ayudo a superar el déficit de información, de los siglos anteriores. Y ello fue posible, gracias a unos soportes intelectuales, de la categoría de Isidoro de Sevilla, Juan de Biclaro o Julián de Toledo, y a la abundante documentación jurídica y conciliar, que pone en nuestras manos hagiografías, epístolas, homilías y otras obras literarias de indiscutible valor histórico. Del estudio de todas ellas, se desprende que los territorios hispanos, lejos de haber sido un solar baldío, e históricamente marginal, fueron capaces de mantener, incluso después de la desaparición del Imperio Romano de Occidente, una sólida organización territorial, y unas estructuras económicas y sociales estables, con las que poder mantener, posteriormente, el sistema monárquico implantado por los godos, durante casi dos siglos.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.
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