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Émilie du Châtelet (1)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)
Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquise du Châtelet (1706-1749) / Wikipedia. Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquise du Châtelet (1706-1749) / Wikipedia.

Fernando Savater y otros volterianos más, han escrito sobre esta espléndida y hermosa mujer. Hija del barón de Breteuil, un diplomático culto; marquesa de Châtelet por su matrimonio con un militar tolerante; amante de Voltaire y amiga de personalidades de su época, Gabrielle-Émilie Le Tonnelier de Breteuil, fue una de las mujeres más destacadas de la Ilustración francesa del siglo XVIII. Su talento y su curiosidad, la llevaron a interesarse por todas las manifestaciones artísticas, a traducir obras clásicas y, a escribir ensayos de divulgación científica. El pasado diciembre, se cumplieron los 317 años de su nacimiento.

Pero antes de todo y contra todo se dedicó a la filosofía y no al prejuicio, a la ciencia y no a la superstición, a la pasión y no a la gazmoñería, al juego y no a la oración, a la felicidad y no al renunciamiento. No se entregó al confesor ni a la familia, sino a Voltaire. Y cuando años después comprobó que el enciclopedista, además de descuidarla por otras, ya flaqueaba a la hora sagrada del empuje erótico, su buscó un amante joven y vigoroso, incluso demasiado vigoroso quizá. Hizo bien – dice Savater – que caramba: “chapeau”.

Han pasado tres siglos y hoy abundan – no tantas como nos gustaría – las mujeres que llevan sin especial alharacas, vidas razonablemente semejantes a las de Madame de Châtelet. Seguramente no traducen la “Eneida”, ni comentan a Newton, pero se las apañan bastante bien, para ser cultas y libres. En los días de la divina Émilie, estos comportamientos eran mucho más insólitos e improbables. Ella fue pionera. Además de a su talento y su coraje intelectual, se lo debió a su padre: el barón de Breteuil, el viejo diplomático que la educó como a un varón, en cuanto se dio cuenta de que era más lista, que casi todos los varones que conocía. “Estoy persuadido de que muchas mujeres, o ignoran sus talentos, por el vicio de su educación, o los esconden por prejuicios y falta de carácter en su espíritu”. De modo que Émilie aprendió latín, italiano e inglés. Todo le interesaba, desde los estudios bíblicos hasta las matemáticas o el teatro. Y también, por supuesto, la música, para la que estaba bien dotada: en las reuniones sociales, a la menor provocación, cantaba las arias de “Issé” (misionero y mosquetero para acabar siendo un compositor) con indudable excelencia.

A los 19 años, la casaron con Florent Claude, marqués du Châtelet y, tuvo suerte otra vez. El marqués era un militar simple pero tolerante, que admiraba sinceramente a su mujer y, pronto le concedió toda la libertad, que en la época era compatible con el buen tono. Además, era gallardo y apasionado, cosa que su mujer apreció al principio, en todo su valor. Émilie hablaba de ciencia o filosofía, con los hombres sabios, pero con los que no eran tanto, también encontraba formas placenteras de relación. Al marqué le dio un heredero y una hija, de los que se ocupó sin entusiasmos maternales desbordados, pero sin descuido: la marquesa se esforzó siempre por compaginar deber y placer, con mejor o peor fortuna. Fue sabía, no sólo cultivada o lista. En sus aposentos nunca faltaban cuatro o cinco mesas, cubiertas de libros abiertos, infolios, apuntes, cálculos… cada una de ellas dedicada a uno de los estudios que tenía en marcha. En todos sus retratos famosos, aparece con el compás en la mano. Tradujo “La fábula de las abejas”, de Mandeville y, escribió un libro de divulgación “Instituciones de física”, para su hijo de 12 años, en el que combina la metafísica de Leibnitz, con las nuevas ides de Newton ¡Ah, como se resistían a las ideas de Newton, los académicos franceses!

La marquesa, defensora elocuente de las novedades newtonianas, polemizó sobre las “fuerzas vivas”, con el secretario de la Academia de Ciencias, un soberbio pelmazo llamado Dortous de Mairan.

Pues eso.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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