Los integrantes de la conspiración confiaban en que la sublevación podía vencer con relativa facilidad en Barcelona gracias a que se contaba con la mayoría de la oficialidad media de los regimientos acuartelados en la ciudad, además de con el apoyo de la Unión Militar Española, compuesta por activos militares intensamente reaccionarios y anticatalanistas. Pero, en contrapartida, las autoridades militares en Cataluña no estaban en la conspiración, ni el general Francisco Llano de la Encomienda, capitán general, ni el coronel José Aranguren Roldán al mando de la Guardia Civil. Por otro lado, había una parte de la oficialidad en los cuarteles que no estaba tampoco en la conspiración, y no se unieron, o fueron detenidos por los sediciosos cuando se inició el golpe. Además, por ser verano los cuarteles no estaban precisamente llenos de soldados.