La ciudad de Barcelona en la Alta Edad Media. II
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La administración de Barcelona evolucionaría en el siglo XII porque el conde pasaría a gobernar la ciudad a través de la figura del veguer, como responsable del orden público y la justicia, y del batlle, responsable de las finanzas. Superada la crisis de los comienzos de ese siglo, se fue gestando un patriciado urbano con un creciente poder.
La muralla de Barcelona vivió a partir del siglo X una profunda transformación porque el largo proceso de desurbanización finalizó, y que había comenzado con la crisis bajo-imperial. Solamente se interrumpió la transformación con el asalto de Almanzor en el 985, pero la ciudad se recuperó relativamente pronto. Comenzaron a levantarse edificaciones especialmente de familias nobles y también de los dos poderes, el civil y el eclesiástico. Las torres romanas de las murallas se incorporaron a esos nuevos edificios. Así pues, la primigenia función de las murallas fue perdiendo importancia, y en muchas zonas se fue ocultando por los nuevos edificios. Posteriormente, y con el fin de ganar superficie para las casas adosadas a las murallas se construyeron arcos entre las torres, y se ampliaron las viviendas en voladizo hacia el exterior. En este sentido, es muy significativa la casa y torre de la Academia de Buenas Letras, en la calle del Sotstinent Navarro, 4-6. En ese tramo de la muralla se integró una casa románica con fachada encima de una gran arcada entre dos torres y con vestigios, eso sí, alterados, de dos grandes ventanales.
Las murallas terminaron, en cierta medida, por constreñir la ciudad, además de complicar las comunicaciones con los espacios urbanizados exteriores.
Por ese motivo terminaron por abrirse calles transversales a la muralla para comunicar ambas zonas. Ese es el origen de las conocidas Baixadas de Barcelona, es decir, Baixada de Santa Eulàlia, Baixada de Sant Miquel, Baixada de Caçadors, Baixada de Canonja, etc.
Las torres situadas en los extremos del antiguo cardus maximus, es decir, en las actuales calles del Call y Llibreteria, se levantaron el Castell Nou y el Castell Vell, en manos del conde. Después serían prisiones. Las otras dos puertas, las del decumanus máximum, es decir, en las calles del Bisbe y Ciutat, quedaron, en cambio, en manos del obispo, es decir, del poder eclesiástico. En la antigua puerta del mar se localizaba el Castrum Regumirum. Al parecer, hacia el 975 esta puerta aparecía en la documentación escrita denominada como Porta Regumiro. En el otro extremo, y en el siglo XII, el obispo construyó su propio palacio y la puerta Decumana, pasó a ser conocida como la Puerta del Obispo.
Por otra parte, el templo romano seguía en pie y en el siglo XI se le conocía como el Miraculum, seguramente porque seguía siendo un edificio imponente de la mejor arquitectura romana.
A partir del siglo XI se produjo un crecimiento importante de las parroquias, y eso provocó una reorganización administrativa con el fin de fijar las familias a determinados templos para organizar el culto y los enterramientos. Alrededor de las iglesias parroquiales se situaban las denominadas sagreras, donde se situaban los cementerios. Es muy importante señalar que el cristianismo supuso un cambio cultural muy importante en relación con la muerte. Si los romanos enterraban fuera del recinto urbano, en necrópolis a ambos lados de las vías, los cristianos introdujeron a los muertos en la ciudad. Al principio solamente lo hicieron los privilegiados que buscaban enterrarse cerca de donde se conservaban y veneraban las reliquias. Pero, precisamente, la creación de las sagreras, terrenos sagrados e inviolables que tenían una extensión de unos treinta pasos alrededor de una iglesia, permitió que el resto de la población se pudiera enterrar también.
En el siglo XI las necesidades de culto llevaron a acometer obras fundamentales para levantar la catedral románica, que sería consagrada por el obispo Guilabert en el año 1058. Las obras debieron comenzar hacia el 1037 o 1040. La iniciativa partió del conde Ramón Berenguer y de la condesa Almodis.
Los proyectos y las obras provocaron cambios en los espacios alrededor y que estaban vinculados a los dos grandes poderes, tanto el civil como el eclesiástico. En primer lugar, se levantó antes la residencia de los canónicos, en el 994. Después, en el 1005 se construyó la escuela episcopal. El hospital de la Seo sería del 1024, y cuatro años antes se edificó el refertorio. El problema es que no conocemos muy bien estos edificios por las sucesivas obras, las reformas de la propia catedral y que todavía no se han hecho suficientes excavaciones. No conocemos tampoco de forma exacta como era la propia catedral. En todo caso, existen trazas de la misma, y algunos restos escultóricos, impostas, y que permiten lanzar hipótesis sobre la planta del templo. Seguramente, estaríamos hablando de un edificio con tres naves y transepto, es decir, de planta de cruz latina, y que podría tener unas proporciones parecidas a las de la catedral de Vic.
Sobre la cabecera nada se sabe, pero podría haber contado con tres ábsides, siendo más grande el central. Habría tenido un campanario adosado, y alrededor de la cabecera hubo dos necrópolis, aunque podría haber habido más.
Por otro lado, fue un período en el que prosperó el Call, es decir, el barrio judío, que se situaría entre las actuales calles de Ferrant, Baños Nuevos, Palla y Obispo. El Call es un término catalán que, al parecer, proviene de la palabra hebrea “kahal”, es decir, comunidad o congregación. Estaría separado del resto de la ciudad por una muralla y contó con dos sinagogas en ese momento. La principal sería la Mayor, situada en una manzana que actualmente existe entras las calles de Marlet, Arc de Sant Ramón del Call, la actual plazoleta de Manuel Ribé y la calle de Sant Domènec del Call, que también es conocida como calle de la Carnicería o calle de la Sinagoga Mayor. Se trataría de un edificio con cimientos de la época romana, construcciones alto-medievales, otras del siglo XIII y después tendría algunas modificaciones de la edad moderna cuando se construyeron pisos en la parte superior. Se considera que es una de las sinagogas más antiguas de Europa. Fue recuperada a mediados de los años noventa gracias a los esfuerzos del historiador Jaume Piera y a la Asociación Judería de Barcelona. Hoy cuenta con un museo.
Después estaría la Sinagoga Menor, que hoy es la parroquia de Sant Jaume.
También había baños, escuelas y hospitales.
El Call nació en los tiempos finales de los visigodos, hacia el 692, y pervivió hasta las persecuciones de 1391, pasando por varias vicisitudes.
Muy pronto, los judíos de Barcelona se destacaron en la medicina, el comercio y la pequeña industria. Por otro lado, se ha constatado que no todos los judíos vivían en el Call, porque han documentadas propiedades de judíos fuera del recinto.
En todo caso, se piensa que en Call vivían unas sesenta familias, aunque ese número debió crecer en el tiempo. La comunidad judía tenía su propia organización autónoma con instituciones y equipamientos propios. En Montjuïc contaban con su propio cementerio.
Al parecer, en Barcelona existió en esta época una pequeña comunidad musulmana de mudéjares que se quedaron a vivir después de la conquista carolingia. Los mudéjares eran los musulmanes que permanecían viviendo en un territorio conquistado pro los cristianos, y solían vivir en barrios propios, las conocidas como morerías.
A finales del siglo XI, el crecimiento urbano de Barcelona se debilitó y no se pudo recuperar hasta mediados del siglo siguiente, gracias a la combinación de su tradicional pujanza agrícola con el avance manufacturero y comercial.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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