Instrumentos para un ágape masónico
Un ágape masónico es fundamental después de una tenida ordinaria o extraordinaria. Es un acto masónico lleno de simbolismo y donde se trabaja, fundamentalmente la fraternidad.
- Publicado en Masones y Masonería
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Un ágape masónico es fundamental después de una tenida ordinaria o extraordinaria. Es un acto masónico lleno de simbolismo y donde se trabaja, fundamentalmente la fraternidad.
La Colonia Tiempos Modernos fue una comunidad utópica en Long Island (New York), que se puso en marcha el 21de marzo de 1851, en una extensión de unos tres kilómetros cuadrados, y por iniciativa de Josiah Warren y Stephen Andrews, dos exponentes de lo que se conoce como anarcoindividualismo. Esta filosofía anarquista incidiría en la autonomía del individuo, afirmando que cada sujeto era dueño de sí mismo, aunque interactuaría con los demás pero siempre de forma voluntaria. En realidad, es difícil hablar de un solo anarcoindividualismo sino de varias tendencias y de distintos autores que incidirían en distintos aspectos, aunque con el individuo como centro de las mismas. En este sentido, nos interesa profundizar un poco en los autores de esta colonia y utopía. Josiah Warren (1798-1874) participó en la la utopía New Harmony de Robert Owen, y después en las experiencias utópicas de Cabet, es decir, se trataría de un personaje con un bagaje utópico práctico acusado. De estas experiencias sacó la conclusión de que había que profundizar en soluciones más individualistas. Por eso, se le considera el principal pensador del anarcoindividualismo, así como de la cooperación. En lo práctico comenzó instalándose con un grupo de seguidores en el Estado de Ohio para fundar La Aldea de la Igualdad (“Village of Equity”), su primera utopía experimental. Después, estaría el experimento que puso en marcha en Cincinnati que llevaba el significativo nombre de Utopía. En el año 1840 fundaba la colonia Tuscorawas, también en Ohio.
En septiembre de 1931, entre el debate constitucional, se trató el asunto del caciquismo en Moguer, y que sacó a colación el diputado socialista Agustín Marcos.
El Oriente es fundamental en masonería:
Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) fue un pensador autodidacta francés que planteó profundas críticas de la realidad de su momento. En París se relacionó con los socialistas utópicos de la órbita Fourier. Entre 1840 y 1842 publicó sus conocidas Memorias sobre la propiedad. En la primera de ellas planteó la famosa pregunta sobre qué era la propiedad, y su consideración como un “robo”. La propiedad no se basaría en el trabajo, ni en el derecho natural ni en la ley, sino en la ocupación violenta. Su existencia obligaba, por tanto, a los hombres a realizar un trabajo por el que recibían una retribución aunque parcial. Pero Proudhon no era contrario completamente a la propiedad. Respetaba aquella que nacía del trabajo. Lo ideal era que todos tuvieran la obligación de trabajar y, de ese modo, generalizar la propiedad, dejando fuera a los perezosos.
El origen de la organización política socialista en Austria debe mucho a la influencia alemana. En 1874, a partir de grupos existentes, se creó el Partido Socialdemócrata Obrero de Austria. Pero los enfrentamientos internos fueron constantes desde el principio, especialmente entre un sector influido por las ideas de Lassalle, y otro más marxista. Por fin, en el Congreso de Hainfield del año 1889 el Partido se reorganizó. La figura clave para esta reunificación fue Víctor Adler. También sería uno de los protagonistas de la Segunda Internacional. Víctor Adler consiguió aunar, no sin gran esfuerzo, las divisiones internas del movimiento obrero. En consecuencia, adquirió una autoridad moral y efectiva indiscutible. El miedo a volver a la época de las disensiones y enfrentamientos, a la fragmentación consecuente, llevó a la aceptación de un principio a seguir por encima de todos, el de mantener al precio que fuera la unidad. Es evidente que, en principio, esta podría ser considerada una virtud de la socialdemocracia austriaca, inculcada por Adler, pero con el tiempo pudo convertirse en una especie de rémora que llevaría a cierto inmovilismo y al conformismo. Por eso, en el partido la polémica sobre el revisionismo no tuvo casi repercusión, a pesar de que la propia cercanía de este debate que se desarrolló en el SPD.
En la década de los años treinta del siglo XIX los líderes del movimiento obrero británico consideraron que era insuficiente la lucha por mejoras laborales, y que eran necesarias reformas políticas. En 1831, durante la campaña para reformar la ley electoral, William Lovett (1800-1877) reclamó el sufragio universal. Esta pretensión se basaba en que si los obreros producían la riqueza del país tenían derecho a participar en la vida política. Lovett fue un destacado sindicalista, y también había conocido el socialismo de Owen. Pero ha pasado a la historia por su encendida defensa de la participación política de los trabajadores a través del movimiento cartista. En el mismo también habría que nombrar a Feargus O’Connor (1796-1855), que siempre mantuvo una postura crítica en relación con Lovett porque defendió métodos más contundentes para conseguir los objetivos democráticos que informaban al cartismo, incluido el empleo de la violencia.
En el Congreso fundacional de la Segunda Internacional celebrado en París el año 1889, al que asistió Pablo Iglesias, se tomó la decisión de celebrar el 1º de mayo como una gran manifestación internacional en esa fecha fija para que en todos los países los trabajadores reclamasen la reducción de la jornada laboral a las ocho horas. Como una manifestación semejante había sido acordada por la American Federation of Labor para el 1º de mayo de 1890 en el Congreso que se celebró en Sant Louis en diciembre de 1888, se adoptó dicha fecha en el Congreso parisino.
Constantin Pecqueur (1801-1887) fue sansimoniano pero también seguidor de las teorías de Fourier. Colaboró con Louis Blanc en la Revolución de 1848, y publicó entre 1849 y 1859 la revista Le Salut du Peuple, aunque luego se apartó de la vida pública. Las obras que publicó, al parecer, no tuvieron una repercusión inmediata, pero Marx las leyó y las empleó en las suyas.
¿Por qué había que crear partidos obreros o socialistas? La respuesta debemos buscarla en el pensamiento de Marx y de Engels que, en todo caso, evolucionó en el tiempo. También es cierto que ni Marx ni Engels definieron nunca de una forma sistemática una teoría del partido obrero. En el Manifiesto Comunista se hablaba de la clase obrera organizada como tal, como partido político, pero no parece que se definiera como una organización realmente articulada, sino asimilado al conjunto de la masa obrera. En 1865, Engels hablaba del partido como la parte más consciente de la clase, una especie de vanguardia, concepto que, como sabemos, luego le servirá a Lenin en su teoría sobre la revolución y su preparación.
¿Qué simbolizan el sol y la luna en masonería?
«El sol simboliza la luz, que debe alumbrar y guiar al masan, así como su calor simboliza el fuego sagrado que debe vivificar su alma.
La luz recibida de la luna es aqui una advertencia para que recibamos con docilidad y aprovechemos con discernimiento la: luces que se nos comunican».
Fuente: Francmasonería: ritual del aprendiz masón que contiene el ceremonial, la esplicación de todos los símbolos del grado, etc.,
J.M. Ragon; traducido por S. de G., Barcelona, 1872
Las mujeres fueron verdaderas protagonistas de la protesta social en tiempos de la Gran Guerra y en la inmediata posguerra en España porque ellas eran muy conscientes del gravísimo problema que supuso la vertiginosa subida de los precios de los productos básicos, es decir de una inflación galopante. En toda España se manifestaron para luchar por la rebaja de los precios, siendo muy relevantes los movimientos en Barcelona y en Málaga, sin olvidar Galicia.
En los inicios del socialismo belga, además de la figura y obra de Jacob Kats, se encuentra un personaje que merece que nos detengamos en él. Nos referimos al barón Jean Hyppolite de Colins (1783-1859), miembro de una antigua familia de la nobleza. Se marchó a París con el propósito de estudiar en la Escuela Politécnica, pero terminó haciéndose militar para servir a la República y a Napoleón. En tiempos de la Restauración se marchó a Cuba donde practicó la agricultura y la medicina. En la isla tuvo relación con un polifacético coruñés, Ramón de la Sagra. Al estallar la Revolución de 1830 regresó a Francia. También estuvo en Viena conspirando. En 1834 publicó la obra Pacto Social, donde comenzaron a perfilarse sus ideas. Partiendo del liberalismo, se pueden rastrear algunas premisas socialistas en un sentido reformista, especialmente cuando vincula la justicia social con la verdadera libertad.
El movimiento sansimoniano dedicó también su atención hacia la mujer a través de la figura de Barthélemy Prosper Enfantin, muy preocupado en dicho movimiento hacia los cambios morales y sociales, frente al interés de Saint-Armand Bazzard por la reforma política, como hemos visto anteriormente. En realidad, los considerados como Padres Supremos de la Escuela no tenían mucho en común y el antagonismo entre ambos se desató, precisamente, en relación con la cuestión de la mujer. Enfantin formuló en 1831 una teoría sobre las relaciones entre los dos sexos combatiendo lo que consideraba la tiranía del matrimonio, planteando como alternativa el amor libre. Hay que destacar que las ideas de Enfantin se basaban en la lectura que había hecho de las obras de Fourier.
Aunque se puedan dar varias interpretaciones, sin lugar a dudas, los símbolos masónicos son universales.
Así nos lo cuentan:
Aunque no podemos hablar de socialismo de la Iglesia Católica, no podemos negar que la cuestión social incidió en la misma y terminó por obligarla, en cierto modo, a plantear una doctrina social, por lo que nos parece conveniente realizar una aproximación a esta cuestión en un libro donde estudiamos el socialismo. Que se comenzara a plantearse la cuestión social se debió a dos causas. Una de ellas tenía que ver con el hecho de que la situación de amplias capas de la sociedad se había hecho muy dura, pero, además, el movimiento obrero era contemplado como un desafío porque desde el mismo se cuestionaba a la propia Iglesia, y los trabajadores se estaban alejando de la misma.
Charles Fourier (1772-1837) imaginó una sociedad ideal de comunidades de hombres y mujeres, a la que denominó falansterios. Serían poblaciones con 1.600 habitantes, entre los que se distribuirían las funciones y trabajos alternativamente, para evitar la excesiva especialización, es decir, que se combinaba la comunidad en sí de residencia, como la producción y el consumo. En los falansterios se respetaría la propiedad privada y el derecho de herencia, pero los instrumentos de producción serían comunes, empezando por la tierra. Los falansterios serían grandes edificios, que recuerdan los palacios barrocos, en cuya parte central se encontrarían las dependencias para las funciones comunes, como los comedores, las salas de estudio, biblioteca y salas de reuniones y para asambleas. En un ala estarían los talleres y cocinas, y en la otra los baños y los espacios para las relaciones con las personas del exterior. Los falansterios debían contar con jardín de invierno, teatro, iglesia, depósitos y establos. Todo estaría comunicado a través de grandes galerías que facilitarían las reuniones y la circulación de las personas. En otros lugares de las alas estarían las viviendas.
La igualdad fue un principio que la burguesía revolucionaria francesa hizo acompañar a la libertad por dos motivos. En primer lugar, porque se estaban criticando los privilegios y el principio de la desigualdad ante la ley que eran los pilares de la sociedad del Antiguo Régimen. Pero también porque buscaba el apoyo popular para terminar con ese orden, considerado ya caduco, pero que se resistía a morir y que tenía, además poderosísimos apoyos más allá de las fronteras francesas. Pero la incorporación del principio generó de inmediato un problema, y que pasaba sobre la interpretación del mismo. La libertad era un principio muy claro, pero la igualdad podía ser interpretada tanto como un principio en relación con la ley, pero también con una dimensión social. La Asamblea Constituyente dejó muy claro que la igualdad tenía que ver con la primera de las alternativas porque, a continuación, reconoció la propiedad como un derecho fundamental.
¿Por qué es tan importante el mosaico en masonería? De nuevo acudimos a las fuentes:
En Francia destacaría en el seno del socialismo cristiano la figura de Félicité Robert Lamennais (1782-1854), que fue filósofo, teólogo católico y un pensador que desarrolló el catolicismo liberal, condenado por las encíclicas Mirari vos (1832) y Singulari Nos (1832). Lamennais pensaba que podría alcanzarse la justicia social dentro de los principios de la cristiandad. Sacó un periódico, L’Avenir (El Futuro), que llevaba el significativo subtítulo de “Dios y la Libertad…l Papa y el Pueblo”. El problema era, como ya hemos apuntado más arriba, que Roma no estaba en esa línea, procediendo a la excomunión. En el año 1834 publicó Palabras de un creyente, con el que claramente se selló la separación con el papado. En 1840 publicó, La moderna esclavitud. Lamennais consideraba que la propiedad privada era la principal causa de la miseria, y entendió que el asociacionismo obrero era el medio para conseguir la igualdad de los bienes.
Ludwig Gall (1791-1863) constituye un precedente de la época de creación de asociaciones socialistas o comunistas de obreros y artesanos alemanes. Y lo es porque sus escritos fueron los primeros que en este ámbito pusieron el acento en el antagonismo ente los ricos y los pobres. En 1825 publicó un folleto con el título de ¿Qué puede ayudar? donde incidía en el abismo entre unos y otros, cada vez más profundo con cada conquista en las artes y las ciencias. Gall defendió que debían crearse asociaciones profesionales. Vio en la cooperación entre los campesinos con poca tierra y los artesanos el medio para detener el empobrecimiento del pueblo, pero no llegó a defender la lucha revolucionaria ni la expropiación de los capitalistas. Se podría afirmar que Gall estaba defendiendo una especie de socialismo de pequeños propietarios, con miedo por la proletarización, pero sin terminar con la propiedad privada.
Théodore Dézamy (1808-1850) puede ser considerado el más destacado comunista premarxista francés. Su concepción del mundo fue eminentemente materialista. Adoptó la crítica de Fourier a lo que se denominó la “anarquía capitalista” y puso la lucha de clases en el punto central de la sociedad. No sería una lucha entre pobres y ricos, sino que expresó claramente que era entre el proletariado y la burguesía. La sociedad comunista sería aquella donde habría trabajo común para todos, libre consumo en función de las necesidades de cada cual y enseñanza comunitaria. Precisamente, la educación constituía para este autor un instrumento que debía servir para el desarrollo en todos sus aspectos y no destinarse para una función determinada. Por eso, los profesores y científicos debían tomar parte en los trabajos manuales, y los trabajadores manuales se beneficiarían con la ciencia y el saber. No habría ejércitos “guerreros”, sino ejércitos “industriales” para transformar la tierra.
Pues sí, el propio templo másonico donde las logias desarrollan sus tenidas también es un símbolo. Veamos lo que nos dicen las fuentes, al respecto:
En los inicios del siglo XIX surgió un conjunto de pensadores en Gran Bretaña que podemos calificar de teóricos socialistas y que Marx bautizaría como “socialistas ricardianos” en su obra Miseria de la Filosofía (1846), y que luego Engels trataría en el prefacio de la edición que salió en 1883. Marx consideraba que este grupo de pensadores británicos se había inspirado en David Ricardo, especialmente en su teoría del valor, que se creaba a partir del trabajo, por lo que, en consecuencia, el mismo tendría todo el derecho a recibir lo que producía.
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