Cartismo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En la década de los años treinta del siglo XIX los líderes del movimiento obrero británico consideraron que era insuficiente la lucha por mejoras laborales, y que eran necesarias reformas políticas. En 1831, durante la campaña para reformar la ley electoral, William Lovett (1800-1877) reclamó el sufragio universal. Esta pretensión se basaba en que si los obreros producían la riqueza del país tenían derecho a participar en la vida política. Lovett fue un destacado sindicalista, y también había conocido el socialismo de Owen. Pero ha pasado a la historia por su encendida defensa de la participación política de los trabajadores a través del movimiento cartista. En el mismo también habría que nombrar a Feargus O’Connor (1796-1855), que siempre mantuvo una postura crítica en relación con Lovett porque defendió métodos más contundentes para conseguir los objetivos democráticos que informaban al cartismo, incluido el empleo de la violencia.
En el año 1836 se formó en la capital británica la Asociación de Trabajadores de Londres, bajo el liderazgo de Lovett, con el objetivo prioritario de la aprobación del sufragio universal, iniciándose una activa campaña que trascendió Londres. Pues bien, en mayo de 1838 se redactó un documento que ha pasado a la Historia. Se trata de la “Carta del pueblo”. En dicho texto se reclamaba el sufragio universal, la supresión del certificado de propiedad para ser miembro del Parlamento, es decir, para ser elegido, la inmunidad parlamentaria, y que las circunscripciones electorales fueran iguales, ya que se primaban las rurales frente a las urbanas, que tenían más población.
El movimiento cartista estaba considerando que sin reformas políticas no se producirán los cambios sociales pretendidos. El movimiento cartista no era homogéneo. Existía una tendencia más moderada, la que defendían Lovett y Richard Owen. Sus pretensiones eran más económicas; propugnaban la organización de cooperativas de producción y la supresión de los intermediarios.
Otra tendencia, la defendida por O’Brien o por O’Connor, se inclinaba más por la lucha política, por los mítines y por la huelga. Los primeros buscaban más el entendimiento con las clases medias, frente a los segundos.
En 1839 se celebró en Londres el primer Congreso Cartista, y vencieron las posturas más radicales: huelga general, protestas y presiones para conseguir los fines del movimiento. El gobierno británico reaccionó ante el miedo a una huelga general, y decidió emplear el ejército, además de detener a los líderes y permitir la formación de unidades cívicas armadas. Esta situación provocó una grave tensión entre las dos tendencias del movimiento cartista.
En 1842 hubo nuevos intentos de presión, pero terminaron en fracaso, también. La conclusión que se puede sacar de todos estos acontecimientos era que la clase obrera aislada no podía conseguir las reformas políticas necesarias para democratizar el sistema inglés.
Otros líderes, como Fergus O’Connor defendieron que los cartistas debían presentar candidatos propios en las elecciones parlamentarias o que o que se apoyase a los candidatos que asumieran los puntos de la Carta. En todo caso, a partir de entonces los líderes sindicales tenderían a buscar la alianza con algunos sectores de las clases medias al través del Partido Liberal, como tendremos oportunidad de comprobar un poco más adelante.
Pero, no cabe duda de que el cartismo, a pesar de su fracaso fue el primer ensayo de organización política obrera. Pero, además, sus reivindicaciones, con el tiempo, triunfarían.
Cierto es que el cartismo en sí no incluyó en sus demandas aspectos relativos a la emancipación de las mujeres, aunque, al parecer, se sabe que, en una primera redacción de la “Carta del Pueblo” por parte de la Asociación de Trabajadores de Londres, se incluyó la demanda sobre el reconocimiento del voto femenino, pero se eliminó porque algunos líderes consideraron que era una demanda muy radical que podía entorpecer la conquista del sufragio universal masculino. En todo caso, no cabe duda de que los prejuicios contra las mujeres estaban claramente extendidos. Pero lo que sí está claro es el cartismo contó con mujeres en su seno, con secciones de mujeres que estaban luchando por la causa que representaba la “Carta del Pueblo”. Al parecer, algunos de estos grupos eran muy potentes en cuanto al número de sus componentes, como el Birminghan Charter Association con tres mil mujeres. Existen algunas fuentes periodísticas que informan del intenso espíritu militantes de las cartistas.
No podemos dejar de aludir a la figura de Elizabeth Hanson (1797- 1886), que desarrolló una intensa vida de lucha, especialmente en la década de los años treinta del siglo XIX. Comenzó defendiendo el papel de la mujer como contribuyente a los ingresos de la familia, y no como dependiente de los que aportaba el marido. Hanson fue muy activa en relación con los cambios y reformas que se estaban produciendo en relación con la atención social en Inglaterra, especialmente con la reforma de la Ley de Pobres de 1834. En este sentido, iba su queja descrita, pero también la que tuvo que ver con el trato que las mujeres recibían en los asilos: ropa de mala calidad, obligación del corte de pelo y separación de sus hijos. Las mujeres tenían que movilizarse para luchar contra esos atropellos. Este aspecto hace de Hanson una figura harto interesante. Y en ese momento, en 1838, se convirtió en una verdadera líder cartista de la zona de Elland, cerca Halifax. Famosa fue su crítica hacia el clero.
Pero es más, con Mary Grassby formó un grupo de mujeres radicales en Elland en el año 1838. La asociación se justificaba, en opinión de sus organizadoras, por la necesidad de reunir a las esposas y madres para dar y recibir educación política, y para cooperar con sus maridos e hijos en la lucha que se estaba desarrollando.
Por fin, Helen Macfarlane (1818-1860) fue una periodista, filósofa, feminista y cartista escocesa, que sería la traductora al inglés en 1850 del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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