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Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

Ludwig Gall y George Büchner como precursores del socialismo alemán

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Ludwig Gall (1791-1863) constituye un precedente de la época de creación de asociaciones socialistas o comunistas de obreros y artesanos alemanes. Y lo es porque sus escritos fueron los primeros que en este ámbito pusieron el acento en el antagonismo ente los ricos y los pobres. En 1825 publicó un folleto con el título de ¿Qué puede ayudar? donde incidía en el abismo entre unos y otros, cada vez más profundo con cada conquista en las artes y las ciencias. Gall defendió que debían crearse asociaciones profesionales. Vio en la cooperación entre los campesinos con poca tierra y los artesanos el medio para detener el empobrecimiento del pueblo, pero no llegó a defender la lucha revolucionaria ni la expropiación de los capitalistas. Se podría afirmar que Gall estaba defendiendo una especie de socialismo de pequeños propietarios, con miedo por la proletarización, pero sin terminar con la propiedad privada. 

Théodore Dézamy

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Théodore Dézamy (1808-1850) puede ser considerado el más destacado comunista premarxista francés. Su concepción del mundo fue eminentemente materialista. Adoptó la crítica de Fourier a lo que se denominó la “anarquía capitalista” y puso la lucha de clases en el punto central de la sociedad. No sería una lucha entre pobres y ricos, sino que expresó claramente que era entre el proletariado y la burguesía. La sociedad comunista sería aquella donde habría trabajo común para todos, libre consumo en función de las necesidades de cada cual y enseñanza comunitaria. Precisamente, la educación constituía para este autor un instrumento que debía servir para el desarrollo en todos sus aspectos y no destinarse para una función determinada. Por eso, los profesores y científicos debían tomar parte en los trabajos manuales, y los trabajadores manuales se beneficiarían con la ciencia y el saber. No habría ejércitos “guerreros”, sino ejércitos “industriales” para transformar la tierra.

El templo masónico como símbolo

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Pues sí, el propio templo másonico donde las logias desarrollan sus tenidas también es un símbolo. Veamos lo que nos dicen las fuentes, al respecto:     

Los socialistas ricardianos

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En los inicios del siglo XIX surgió un conjunto de pensadores en Gran Bretaña que podemos calificar de teóricos socialistas y que Marx bautizaría como “socialistas ricardianos” en su obra Miseria de la Filosofía (1846), y que luego Engels trataría en el prefacio de la edición que salió en 1883. Marx consideraba que este grupo de pensadores británicos se había inspirado en David Ricardo, especialmente en su teoría del valor, que se creaba a partir del trabajo, por lo que, en consecuencia, el mismo tendría todo el derecho a recibir lo que producía. 

Saint-Simon

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Henri de Saint Simon (1760-1825) era un noble de ideas liberales que propuso un desarrollo racional de la industria para superar los enfrentamientos sociales. Saint-Simon tenía una fe ciega en la ciencia como motor del progreso, que se alcanzaría a través del desarrollo de la industria, que debería organizarse. Se podría llegar una nueva sociedad, pero sin saltos revolucionarios, sino de forma pacífica. En este proceso existiría una clase industrial que, a través de un método persuasivo, convencería de la necesidad de que se traspasase el poder político a la misma. Esa élite proporcionaría el bienestar general. Esa clase estaría formada por los cultivadores, los fabricantes y los negociantes, es decir, lo que producían e intercambiaban lo producido. El gobierno político se transformaría, en consecuencia, en un gobierno de la administración de las cosas. Estas ideas aparecieron en tres de sus obras, El organizador (L’Organisateur), publicado en 1819; Del sistema industrial (Du système industriel), publicado entre 1821 y 1820; y el Catecismo de los industriales (Catéchisme des industriels), publicado en el año 1823. 

La bóveda celeste en el templo masónico

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

La bóveda celeste es un símbolo de la universalidad. Por ello, constituye la cubierta del templo.

Como tal bóveda celeste se decora con las constelaciones de un fondo azul que debe ser más claro hacia el lado del Oriente porque de allí emana la luz que se representaría por la aurora, y se debe ir oscureciendo a medida que se llega al lado de Occidente donde se representa el Ocaso.

El socialismo polaco. Tercera Parte

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La cuestión nacionalista siempre estaba presente en el ámbito socialista polaco. En 1899 los socialistas ucranianos de la región de Galitzia crearon una organización propia. Pero, además, los socialdemócratas del Imperio austrohúngaro comenzaron a debatir que podría crearse una organización política supranacional o constituir una serie de organizaciones nacionales socialistas coordinadas. Los socialistas polacos estaban a favor de la segunda solución, y por ello proclamaron que el PPS constituía la organización nacional socialista de todos los polacos, independiente de que estuvieran bajo dominio austriaco, alemán o ruso. Este mismo debate se dio en Alemania, y ante ello, los socialistas polacos solicitaron que se proclamasen candidatos de habla polaca en las elecciones en aquellas circunscripciones electorales con población mayoritaria polaca, especialmente en la Alta Silesia. Wilhelm Liebknecht apoyó esta petición, considerando que los socialdemócratas alemanes no podían dudar del derecho de los polacos a su independencia. En este debate sería importante la postura de Rosa Luxemburgo y de su grupo, siempre contrario en sí al nacionalismo polaco. Rosa Luxemburgo se había nacionalizado alemana. Al final, se llegó a una especie de solución de compromiso, por la que se designarían candidatos en lengua polaca en unas circunscripciones y otros de lengua alemana en zonas de donde hubiera mezcla de nacionalidades.

La Basiliada

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El autor principal del género utópico francés ya en pleno siglo XVIII fue el abate Morelly, que en el año 1753 publicó Naufrage des îles flottantes o Basiliada del célebre Pilpai, que pasó un tanto desapercibida, y su Código de la Naturaleza o el verdadero espíritu de las leyes (1755), que durante mucho tiempo se pensó que era de Diderot

La situación de los mineros de Tharsis hacia 1929

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Gracias al escrito que el Sindicato de los Obreros Mineros de Huelva presentó a las Comisión Interministerial inspectora de las condiciones de Trabajo en las minas de Tharsis podemos hacernos una idea de las condiciones de vida de los mineros a finales de los años veinte. El informe iba firmado por Ramón González Peña, en ese momento secretario general.

Historia de los sevarambas

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El escritor Deni Vairase d’Allais publicaba en 1677 su utopía Historia de los sevarambas. Se trataría de una tierra, supuestamente en Australia, donde habitaban los sevarambas, regidos por el rey Sevarias, que sustentaba su política sobre la idea de que las desgracias de la sociedad surgían por tres causas: el orgullo, la avaricia y la ociosidad. Por eso se abolió la nobleza y también la propiedad privada que, como vemos, siempre está en el origen de los problemas en todos estos planteamientos. Las tierras y demás bienes pasarían al Estado. El rey también había implantado la división del día en tres partes de ocho horas, para el trabajo, el placer y el descanso, en un claro precedente de la reivindicación del movimiento obrero en el último cuarto del siglo XIX.

Levellers y diggers

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En las Revoluciones inglesas del siglo XVII se desencadenaron unas tendencias latentes en el malestar de la población que iban más allá de la lucha entre el absolutismo y el parlamentarismo. Nos referimos a los levellers y los true levellers o diggers. Los primeros, es decir, los levellers aspiraban a establecer una democracia formal por encima de la aristocracia parlamentaria y la dictadura de Cromwell.El fundamento de la misma sería la pequeña burguesía, pero los diggers iban más allá al defender la redistribución de la propiedad, en una línea que podemos caracterizar de precursora del socialismo o del comunismo. Los diggers se basaban en la constatación de que con la caída de la monarquía habrían quedado abolidas las bases legales que mantenían la situación de privilegio de la nobleza rural, la que en tiempos medievales habría arrebatado la tierra a los campesinos. Esa tierra debía ser devuelta y en caso contrario, estaría legitimada la ocupación de la misma. Lo títulos legales habrían quedado prescritos. Es evidente que Cromwell se enfrentó a esta corriente, porque su poder se basaba en la gentry.

El socialismo polaco. Segunda Parte

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La relación entre el socialismo y la liberación nacional polaca, que ya vimos aparecer a raíz de la primera represión, se acentuó en la última década del siglo XIX, y esta vez en el mundo de la emigración. En las distintas publicaciones que se pusieron en marcha en el extranjero se debatió mucho esta cuestión concluyendo que había que imbricar la lucha por la emancipación obrera hacia el establecimiento de un orden socialista con la lucha por la independencia de Polonia. La principal figura que teorizó sobre esta vinculación fue Stanislaw Mendelson. Consiguió que algunos socialdemócratas alemanes, como August Bebel, se interesaran por la cuestión polaca.

Las dos izquierdas: una necesidad

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Creemos que este país necesita la articulación de dos izquierdas distintas, pero con voluntad de acuerdo no tanto electoral sino postelectoral.

Desde una postura nítidamente progresista creemos que es necesario superar de forma definitiva dos problemas de la izquierda, a saber:

Jean Meslier contra las injusticias sociales y políticas

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Jean Meslier (1664-1729) fue un sacerdote del que se supo gracias a Voltaire, y que en 1762 publicó Extrait des Sentiments de Jean Meslier, un extracto de un texto más extenso, en el que el cura defendía su ateísmo, pero, sobre todo, realizaba una radical crítica de las injusticias sociales y políticas de su tiempo. La obra completa de Meslier, su Testamento, sería publicado definitivamente mucho tiempo después, en 1864. Meslier criticaba de forma muy dura a la Iglesia y a la religión, a la monarquía y a la aristocracia, y denunciaba la injusticia social, defendiendo una suerte de comunismo.

Joseph Déjacque

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El francés Joseph Déjacque (1821-1864) empezó a interesarse por las ideas socialistas hacia 1847, comenzando a componer poemas en los que clamaba contra la autoridad, abogando por el uso de la violencia para terminar con la misma. Escribió en L’Atelier, un periódico que estaba escrito por obreros para los obreros. Estuvo en los Talleres Nacionales. Publicaría muchos poemas a pesar de las prohibiciones que se impusieron a sus obras en los tiempos del Segundo Imperio, teniendo que exiliarse a Londres, para pasar luego a New York. Allí escribió con profusión e insistió con violencia en la injusticia que se padecía, llamando a la revolución social. Sacó El Libertario entre junio de 1858 y 1861.

El primer socialismo en Polonia. Primera parte

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En el origen del socialismo polaco tendríamos a los intelectuales románticos que aunaban la liberación nacional, especialmente del que consideraban el yugo ruso, con un deseo de transformación social. En este sentido podríamos citar al poeta Adam Mickiewicz o al historiador Joachim Lelewel. Polonia se liberaría, pero también los campesinos que vivían bajo el yugo del feudalismo, habida cuenta de que en los primeros decenios del siglo XIX no había proletariado aún.

Sobre las primeras socialistas españolas

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En el socialismo español se pueden advertir dos posicionamientos tradicionales ante la cuestión de la emancipación de la mujer a comienzos del siglo XX, reflejo del debate que sobre la cuestión existía en el socialismo occidental desde tiempo atrás, ante el hecho del auge indiscutible del sufragismo de raíz burguesa, y que tenía un potencial movilizador también en el seno de la clase obrera femenina.

El socialismo en el Imperio británico

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El movimiento obrero canadiense hunde sus raíces en los primeros decenios del siglo XIX. En este sentido, Quebec sería el territorio pionero, ya que se sabe que en la segunda mitad de la década de los años veinte funcionaba una asociación de tipógrafos. En la década de los cuarenta comenzaron a proliferar sindicatos de oficios, en una clara influencia de las Trade Unions británicas. Pero esta influencia perderá fuerza a partir de 1860 frente a la que procede del movimiento obrero de su vecino del sur, los Estados Unidos. A principios del siglo XX, especialmente entre 1905 y 1907, hubo intentos de crear un Partido Laborista en el nivel nacional, pero sin ningún éxito. A lo sumo, se fundaron Partidos Laboristas en Ontario y Quebec. Aún así, hay que citar que en 1893 se habría creado el Partido Socialista de Canadá, una pequeña formación.

La condición obrera en la Europa del siglo XIX

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El número de horas de trabajo de los obreros en la Europa del siglo XIX fue muy variable, en función de la actividad desarrollada. En las fábricas algodoneras la duración de la jornada podía llegar a las quince horas. La duración de la jornada fue disminuyendo a lo largo del siglo XIX. Hacia 1870, los obreros ingleses trabajaban como media unas doce horas diarias y con pocos días de descanso. En la década de los años ochenta, la jornada se fue rebajando hasta las diez o nueve horas. Una de las grandes reivindicaciones de las organizaciones obreras durante todo el siglo XIX y los primeros años del siglo XX fue la jornada de ocho horas de trabajo, seis días a la semana. En algunos países de Europa se tardaron décadas en conseguirlo.

Max Nettlau

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El austriaco Max Nettlau (1865-1944) fue uno de los pensadores más importantes para el estudio del anarquismo y de la difusión del mismo. Pero, además de su fundamental trabajo como historiador, consideró el anarquismo como una forma de pensamiento sensible a la búsqueda de la libertad en un camino alejado de lo puramente doctrinario y de los dogmas. Consideraba que a ese objetivo de libertad se podría conseguir a través del mutualismo, el colectivismo o el comunismo. Por eso se ha dicho que Nettlau defendía una especie de anarquismo “sin adjetivos”, como demostraría el alto grado de flexibilidad de su pensamiento. Lo que le interesaba era la experimentación, es decir, poner a prueba las teorías.

Triángulo

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

«Grupos masónicos formados en poblaciones de escaso vecindario. “Ortodoxamente hablando -dicen los hermanos I. y G. Ruiz- un Triángulo no es otra cosa que un Taller en creación e instancia”. Y más adelante añaden, precisando la importancia de estos organismos: “El Triángulo es un medio, el más poderoso, de propagar la Orden. Por esto, que a todos nos interesa grandemente, debemos los masones esforzarnos en cubrir de Triángulos el país que habitamos. En poblaciones de escasísimo vecindario, ale jadas de los grandes centros de actividad, más que por la distancia, por las dificultades de comunicación; en pueblos donde apenas haya logrado penetrar la civilización moderna, un Triángulo masónico, aun compuesto de solos tres masones, es como un foco de radiante luz: a los comienzos ilumina un punto, para después inundar rápidamente de claridad todo el contorno”. “Un masón, con poderes de su Logia, hace otro masón; tres, un Triángulo; un Triángulo, una Logia, y una Logia hace, tarde o temprano, de un pueblo atrasado un pueblo culto; de un vecindario esclavizado, un vecindario libre; y de ella nacen nuevos Triángulos, que a su vez forman otras Logias. El Triángulo nace por la propaganda de la Logia; crece hasta convertirse en Logia, y a su vez, mientras ejecuta como tal trabajos de distinto orden, dedícase principalmente a crear otros Triángulos. Todo es, pues, propaganda en el Triángulo: personal en su comienzo, colectiva después. Ni pue de hacer otra cosa el Triángulo. Fuera de la propaganda, apenas logrará hacer nada de gran provecho; ni ha menester comenzar otros trabajos, ni nadie le pide que los haga. Su misión, única, exclusiva, es hacer masones y educarlos. Su fin, llegar a ser Logia”».

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