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18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
Cráteras griegas: función, contexto y tipologías
Crátera de columnas ática con la representación de los Boréadas alados rescatando a Fineo de las Harpías. Hacia el 460 a. C. Museo del Louvre. Fuente: Wikipedia, Phineus Boreads Louvre G364.jpg

El término crátera proviene del griego κρατηρ, poseyendo el significado de mezclar y siendo utilizado para denominar una pieza cerámica propia del mundo antiguo. Dicho término es el propósito del presente artículo: explicar la función de la pieza cerámica, su contexto y tipología.

Se define crátera como un recipiente abierto, cuya finalidad era mezclar vino y agua. Recordemos que en la antigüedad era una práctica habitual para los griegos y romanos mezclar el vino con agua para rebajarlo. Podemos encontrar ejemplos de cráteras de diversas formas, siendo una de sus características principales su gran capacidad. Al igual que muchos objetos, tanto en la antigüedad como en la actualidad, los materiales y su acabado nos indican la capacidad económica de sus usuarios, estando la gran mayoría de las ocasiones relacionada con su nivel social. Recordemos que el término «indicadores de prestigio» hace alusión a los bienes que, por su precio de adquisición o dificultad de acceso, indican una situación económica o social aventajada respecto al resto de la sociedad. Además, su posesión justifica en ciertos casos la existencia de una élite social y de una economía de bienes de prestigio. Diversos autores han abordado el tema, existiendo una tendencia revisionista que pretende clarificar tanto el término como el modelo interpretativo utilizado en arqueología. Ejemplo de ello son las palabras de Diego Pedraza Marín: «Observamos que dichas nociones raramente se definen, empleándose de forma acrítica. Sostenemos que conviene analizar las implicaciones epistemológicas e ideológicas de estas categorías en el proceso científico de creación del conocimiento, desde la arqueología prehistórica».

Podemos encontrar cráteras confeccionadas con diversos materiales, desde la simple arcilla hasta las realizadas con bronce, plata y oro. Además, su tipología, es decir, su forma, junto con su decoración, nos proporciona una importante información para el estudio de los grupos humanos que las utilizaron, en sus vertientes artística, histórica, social y económica. Aunque se encuentran otros usos de cráteras, ejemplo de la cultura ibera, la crátera poseía un doble uso:

a) En su vertiente doméstica era un elemento indispensable en el banquete o simposio, utilizado tanto en la esfera pública como en la privada con la finalidad de reforzar los valores de la comunidad. A grandes rasgos, en la antigua Grecia, el simposio era la parte de un banquete, después de la comida, en que se celebraba una fiesta en torno a la bebida, manteniendo diálogos, conversaciones intelectuales y recitales, mientras los sirvientes tocaban instrumentos musicales y danzaban.

b) En su vertiente religiosa, se utilizaba en las ceremonias de libaciones a los dioses, en las iniciáticas, en los ritos mistéricos o en las ofrendas. Recordemos que la libación era un ritual religioso celebrado en la Antigüedad consistente en la aspersión de una bebida en ofrenda a un dios.

Recordemos, como se indicó anteriormente, que la crátera es un «producto del mundo griego y de sus prácticas», siendo necesaria para poder rebajar el vino antes de ser consumido en el banquete. Únicamente Dioniso, dios del vino e identificado como Baco en Roma, bebe vino sin mezclar, no cayendo en la locura, efecto que los antiguos griegos relacionaban con el mundo salvaje o bárbaro.

De manera convencional, se han establecido cuatro tipos de cráteras:

a) De cáliz. Hace su aparición en Atenas a lo largo del siglo VI a. C., siendo una producción, muy posiblemente, del taller de Exequias. Su fabricación, realizada por los talleres áticos, con centro principal en Atenas, se data hasta finales del siglo IV a. C. Recibe su nombre del parecido con el cáliz de las flores, ya que posee un perfil con forma de trapecio invertido. Las asas se encuentran en la parte inferior del cuerpo de la pieza, siendo su zona inferior convexa y la superior con bordes cóncavos.

Es de destacar que se han encontrado en Atenas restos de cráteras de cáliz, tanto en la acrópolis o parte alta de la polis o ciudad, como en el ágora o espacio público situado en la parte baja de la polis. Estas ubicaciones implican el doble uso anteriormente citado. En el mundo griego, la crátera, en general, no se encuentra en las necrópolis, siendo excepcionalmente documentada en contextos funerarios, caso de ciudades en la isla de Sicilia y de la Magna Grecia. En dichos contextos es utilizada como urna cineraria. Recordemos que el término Magna Grecia se refiere a las áreas costeras de Italia meridional que fueron colonizadas por varias ciudades-estado griegas entre los siglos VIII y V a. C.

b) De campana. Cerámica iniciada alrededor del 500 a. C., fabricándose hasta principios del siglo IV a. C. Posee un cuerpo en forma de campana invertida, curvándose sus paredes hacia el borde superior. Sus asas cortas se encuentran ubicadas en la parte superior del cuerpo. Es interesante recordar que estas piezas transforman su función originaria en el contexto del mundo ibérico. La función del vaso para la bebida colectiva muta a vaso cinerario individual, añadiéndose en ocasiones una tapa. Esta transformación supone un cambio en su contexto al pasar del ámbito del simposio, relacionado con el mundo de los vivos, al fúnebre, correspondiendo al ámbito de la muerte. Dicha transformación es puesta en relación con «un mundo de significados de los objetos, y de su expresión simbólica, que abren las puertas a una nueva dimensión: la realización de la identidad social de su poseedor ante el hecho de la muerte, la utilización de nuevos elementos en las estrategias de competición y de acceso diferenciado a la riqueza, y, finalmente, en la definición y legitimación del poder de la élite».

c) De columnas. Su producción fue muy intensa durante los años 575 y 425 a. C., momento en el que decae, aunque se mantuvo en las producciones de la zona de Apulia y Etruria, en la Magna Grecia. Pieza de gran tamaño, casi ovoidal, posee una boca amplia y asas columnadas que unen la boca a los hombros del vaso, proporcionando una forma característica entre las cráteras.

d) De volutas. Su fabricación se inicia en el siglo VII a. C. y finaliza en el IV a. C. Esta tipología de vasos es utilizada en la Magna Grecia como ajuar o, incluso, como monumento funerario. Posee un marcado carácter arquitectural, estableciéndose una similitud entre las asas rematadas en volutas de la pieza y las acróteras de un templo. Recordemos que el término acrótera se refiere a aquellos elementos decorativos que coronan los vértices de un frontón, situado en la parte superior de un templo griego o romano. En muchos de estos ejemplares suele haber una doble alusión al monumento fúnebre: «una evocación indirecta a través de la sugerencia de su forma y una visualización directa a través de las imágenes que lo decoran».

La crátera no solo se constituye como un objeto artístico del que podemos disfrutar, sino también como un elemento representativo de las estructuras sociales, económicas, religiosas e ideológicas de las sociedades del mundo antiguo que la utilizaron y que nos permite acercarnos a su conocimiento.

Crátera de columnas ática con la representación de los Boréadas alados rescatando a Fineo de las Harpías. Hacia el 460 a. C. Museo del Louvre. Fuente: Wikipedia, Phineus Boreads Louvre G364.jpg

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