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Disciplina y solidaridad en un partido obrero, según Enrique de Francisco


Enrique de Francisco Jiménez (1878-1958) fue un destacado socialista, miembro de la Comisión Ejecutiva del Partido, diputado por Guipúzcoa y Madrid, y que jugó un papel de relevancia en el exilio. En el verano de 1914 le vemos tratando sobre dos conceptos claves en los partidos socialistas, uno más controvertido que el otro. Estamos hablando de disciplina y solidaridad. Permite que reflexionemos nosotros mismos sobre el funcionamiento y organización de un partido socialista en el pasado, ¿y/o en el presente?

La interpretación de lo que debía entenderse por la disciplina que debían observar los miembros de un partido, especialmente del socialista, era motivo de controversia a juicio del autor. De Francisco se interrogaba sobre si era conveniente o no llegar a una definición de la misma, y si era necesario obtenerla. No quería aventurarse a responderlas, pero sí reflexionó sobre si la disciplina debía ser el único factor en la unidad de acción de las fuerzas socialistas. No estaba por la labor.

La disciplina interpretada por los socialistas no era impuesta de forma arbitraria por una sola voluntad, es decir, por un líder o una dirección, sino impuesta o, más bien, aceptada libremente por todos. Obligaría a acatar y cumplir los acuerdos adoptados se estuviera o no conforme con ellos, aunque se debía garantizar que las minorías pudieran ejercer el derecho de la crítica. En resumen, “el acuerdo es la ley, y la disciplina obliga a que se cumpla”.

Pero había un problema. Si exclusivamente se aceptaba la disciplina como factor de cohesión, y solamente pesaba este factor sobre los que no estaban de acuerdo con lo acordado y, en consecuencia, tenía que aceptarlo, pero, además, como pertenecientes al partido, a defenderlo, es decir, a hacerlo efectivo, no se conseguiría, es más, sería hasta negativo, si no concurría otro factor para asegurar la unidad de acción.

Y ese factor era el de la solidaridad, que permitía que en las sociedades de resistencia quienes habían considerado que la declaración de una huelga había sido prematura o inoportuna se conviertan en sus defensores cuando se ponía en marcha mientras duraba el período de lucha, es decir, mientras estaba en vigor el acuerdo. La solidaridad funcionaría como un mecanismo no sólo relacionado con la prestación del apoyo, sino que permitiría que se defendiera la causa del organismo obrero como propia.

La disciplina era un factor de tipo material frente a la solidaridad que se movía en el orden moral.

Para Enrique de Francisco era peor ser disciplinado y no solidario que solidario indisciplinado. Aceptar los acuerdos, pero no trabajar para que se pudieran realizar e incluso criticar después haberse tomado, restando autoridad a esas resoluciones era un ejercicio de insolidaridad, y más peligroso que la indisciplina. Por eso, creía que había que dar más importancia a la solidaridad que a la disciplina en los partidos.

Hemos trabajado con el número de Acción Socialista de 18 de julio de 1914. Sobre el autor podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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