En el Congreso de 1918 del Partido Socialista se debatió sobre el divorcio, planteándose dos posturas.
En primer lugar, José Verdes Montenegro planteó una seria objeción a la propuesta de que se aprobase la ley del divorcio.
Verdes Montenegro se opuso al divorcio porque consideraba que los contrayentes no podían ni debían disponer libremente de sus personas mientras hubiera niños a quienes no debían abanador por incompatibilidades ajenas a la voluntad de los hijos. Al parecer, fue muy exhaustivo en su crítica al divorcio.
Después intervino Virginia González que, como bien sabemos, fue una de las mujeres socialistas más activas de los dos primeros decenios del siglo XX, además de su intensa vocación sindicalista.
González afirmó que hablaba en nombre de las mujeres, pero también del Comité Nacional. Combatió los argumentos de Verdes Montenegro calificando sus teorías como conservadoras. Había que aceptar el divorcio como un mal menor. Era preferible que los hijos vivieran solamente con la madre a que lo hicieran en un hogar con problemas.
Los socialistas apoyarían la reforma del divorcio cuando se planteó en la Segunda República





