Efectivamente, el derecho a las vacaciones pagadas fue una de las batallas obreras hasta que se consiguió su reconocimiento.
En las páginas de El Socialista hemos encontrado una razonada defensa de este derecho en el número de 26 de marzo de 1930 y que nos puede servir como material para conocer esta lucha y como advertencia hacia los que hoy lo cuestionan. Ya nos acercamos a esta cuestión también en esta época desde la postura y que se puede consultar en este mismo medio. Por otro lado, en otra pieza realizamos un repaso sobre el reconocimiento de este derecho en distintos países.
El trabajo recordaba que se llevaba unos veinte años reclamando las vacaciones pagadas, es decir, el descanso anual remunerado, pero, efectivamente, sin éxito. Al parecer, nadie discutía la justicia de la reclamación pero no se encontraba solución alguna ni por parte de los patronos y ni del Estado.
Pero la “clase privilegiada” sí disfrutaba de vacaciones, disponiendo de todo el tiempo para descansar, disfrutar de la vida, de la naturaleza, en fin de todo lo atractivo que tenía el mundo.
Se estaría en un caso evidente de egoísmo feroz por parte de dichas clases.
Si para los poderosos las vacaciones se habían convertido en un motivo para la ostentación, para los trabajadores eran vitales, necesarias, tanto en lo moral como en lo físico en razón del esfuerzo que invertían en el trabajo. Así pues, las vacaciones pagadas no solo eran de justicia sino que también eran fundamentales para el mantenimiento de las fuerzas productivas, es decir existía un argumento de índole económica para que se reconociesen.
Era, por lo tanto, una batalla que había que librar.
Hoy dicho derecho está reconocido, pero ¿quién sabe si seguirá así o se recortará? Lo decimos porque no hace mucho se nos soltó públicamente, que las vacaciones estaban sobrevaloradas, es decir, una píldora más de las ideas que tienen ciertas fuerzas políticas sobre los derechos de la ciudadanía.
No está de más, pues recordar estas cuestiones.





