Desde las últimas elecciones generales el mensaje de la izquierda incide mucho en plantear el miedo a que las dos derechas, la clásica y la extrema alcancen el poder.
En realidad, ambas derechas ofrecen multitud de motivos para tener más que prevención, habida cuenta de sus mensajes, de lo que ocultan o disfrazan y por su gestión en algunas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Raro es el día en que nos asustamos acerca de sus declaraciones sobre el futuro de las pensiones o del salario mínimo, sus concepciones sobre la cultura con censuras encubiertas hacia el cine que, supuestamente, adoctrina (sobre esto ya hablaremos en otro artículo), su negación de la existencia de la violencia de género, su indisimulada xenofobia, etc.
Así pues, no nos extrañe que la izquierda emplee todo esto en beneficio electoral, siendo, por otro lado, un empleo totalmente legítimo.
Pero queremos en esta pieza insistir en la necesidad de plantear también mensajes positivos, de esperanza, resaltando lo realizado en estos años y planteando más medidas en los programas electorales con el espíritu transformador que es la seña de identidad de la izquierda, ya sea la socialdemócrata, ya sea la que se sitúa a su izquierda.
Estamos en plena “batalla cultural” y la izquierda debe afrontarla con valentía y optimismo, planteando que la desigualdad en todos sus frentes debe seguir siendo combatida, en lo salarial, en la vivienda, en relación con los inmigrantes, sobre la cuestiones de género, etc. Y que esa desigualdad que continúa debe ser combatida con energía con el fortalecimiento del principal instrumento que tenemos en una democracia, el Estado del Bienestar.
La izquierda debe aprender de sus propios errores, de sus carencias, de sus tardanzas, de la losa de algunas corrupciones, y de sus conflictos internos para rectificar y seguir trabajando, pero también debe sentirse orgullosa de sus logros, de su efecto civilizador en un mundo de medias verdades, populismos, autoritarismo, manipulaciones e intentos de ajustes de cuentas por parte de las derechas y los poderosos. Y debe decirlo, con educación, con modos democráticos, pero bien alto y claro.
La izquierda debe ser, como siempre, un foco de esperanza, de alegría y de valentía.





