Como era habitual cada vez que había elecciones, ya fueran legislativas, ya municipales o para diputados provinciales, se publicaban artículos en El Socialista llamando al voto, pero también para movilizar a la propia militancia.
En este apunte recordamos uno de esos escritos en relación con las elecciones legislativas de marzo de 1914, que apareció en el número del 19 de febrero de ese año en El Socialista.
Se recordaba que todas las elecciones desde que el Partido Socialista había comenzado su actuación política eran motivo para desplegar toda la actividad y entusiasmo de los socialistas.
Se reconocía que uno de los factores para la motivación tenía que ver con el recuerdo de las luchas anteriores y los resultados de las mismas.
Los socialistas habían presentado en el pasado sus candidatos a pesar de la multitud de dificultades que se habían presentado: el desconocimiento de la existencia del Partido Socialista, la hostilidad de una parte de los obreros, inconscientes de su poder, la crítica de la prensa, etc.
Indudablemente, se admitía que en 1914 la situación del Partido era mucho mejor.
Su fuerza había aumentado de forma considerable y ya no se le podía no tener en consideración. Los “partidos burgueses” habían tenido que aceptarlo. Además, las ideas socialistas eran más conocidas por millares de trabajadores. Por otro lado, se reconocía que los partidos antidinásticos se encontraban en la misma línea de crítica al régimen, en una alusión implícita a la nueva época abierta con la formación de la Conjunción Republicano-Socialista.
En consecuencia, si la fe en el pasado había sido grande en el presente debía ser inmensa, es decir, en ese presente había que ser más ardiente.
El artículo pretendía, como vemos, ser un revulsivo combatiendo el desaliento y la enfermedad de la indiferencia, así como el peligro de la pereza.





