No está de más recordar que la educación pública constituye uno de los pilares fundamentales del Estado del Bienestar y, como tal, necesita para seguir siéndolo dos acciones fundamentales. En primer lugar, deber ser financiada especialmente. Pero también, y esto no es, ni mucho menos secundario, debe ser valorada en su conjunto y con especial dedicación, en relación con los docentes, y tanto por parte de las distintas Administraciones con responsabilidades educativas, como por parte de la sociedad en su conjunto.
La educación pública tiene, en este contexto, dos objetivos fundamentales: el aprendizaje de calidad y la garantía de la igualdad de oportunidades, y que no son, ni mucho menos contradictorios o enfrentados, como desde distintos lugares de la opinión y la política se intenta plantear de forma nunca abierta pero sí con sus acciones por parte de Administraciones con responsabilidades, en favor de la escuela privada y con inacciones hacia la pública, es decir, recortando o no financiando adecuadamente. --En estos días, los profesores y profesoras de la Comunidad de Madrid están en huelga indefinida por un conjunto de demandas y reclamaciones, en una línea parecida a la que protagonizaron hace unos meses los docentes de otras Comunidades Autónomas.
Cada año llegan a las aulas madrileñas y españolas de Primaria y Secundaria el reflejo de un hecho evidente, una intensa y extensa diversidad, porque nuestra sociedad así lo es. Y esto es un valor y no un problema. Como tampoco debería ser considerado un problema atender a dicha diversidad. El problema reside, en realidad, en que la Administración debe ser consciente de ello a través de una serie de medidas que deben ser fundamentales, el problema es que no lo entiende o, lo que es peor, no lo quiere entender. Los profesores y profesoras de la Comunidad de Madrid no son titanes que puedan atender dicha diversidad con las ratios actuales. Es necesario un gran pacto entre la Administración, los profesores y las familias, sin duda alguna, porque esta cuestión les afecta de forma evidente.
La sociedad debe ser consciente de este hecho y las soluciones no pueden pasar por la segregación en la organización escolar ni dejar de invertir y tomar decisiones para que un sector de las familias, como está pasando en la sanidad, al dejar que se colapse, busquen la solución concertada o privada. El símil con la sanidad no es baladí.
Para trabajar con la evidente y valiosa diversidad hace falta una clara apuesta por la escuela pública, con más financiación, más profesores, mejor formación para los docentes y adecuadas instalaciones.
El argumento sobre que se pide lo imposible no es válido, es una cuestión de voluntad, y de creer firmemente en que la escuela pública forma en calidad, y garantiza la igualdad. Lo demás son excusas que esconden planteamientos en favor de la privatización y de la solución individualista.





