Sí, más sobre la apatía y en clave de movilización, y siguiendo el magisterio del movimiento obrero socialista.
En la primavera de 1923, El Socialista incluyó, en negrita, una columnita, en las páginas de algunos números titulada “La apatía”, siempre llamando a la movilización y el compromiso, como señas de identidad del socialismo. En estos tiempos electorales, nos hacemos eco y glosamos el texto en una tribuna de opinión.
La apatía sería una enfermedad individual y colectiva.
Un hombre apático era un sujeto expuesto a vejámenes e injusticias.
Una colectividad apática era una masa que podía ser pasto de los apetitos de minorías audaces y sin escrúpulos.
¿Se podía ser apático en la cotidiana “lucha por el pan y por la verdad”?
Los apáticos serían como “cadáveres políticos”
Pues bien, en las filas del socialismo, o de la izquierda, en clave actual: no cabían los apáticos, los abúlicos, los indiferentes.
En el socialismo, o en la izquierda hoy, todo sería actividad y vigor (se hablaba de disciplina también, teniendo que ser entendida no desde un punto de vista de obediencia ciega o en clave militar, sino de seguir en el compromiso y aceptar las decisiones tomadas democráticamente sin disputas intestinas). Un militante en el socialismo, o en la izquierda, en clave actual, debía imponerse a sí mismo más deberes, comprometido con la causa, siempre dispuesto a acudir.
El texto se publicó en plena campaña electoral para las que serían las últimas elecciones generales antes del golpe de Primo de Rivera. El Partido Socialista hacía un llamamiento intenso para la movilización y para que los militantes conquistaran a los apáticos.
Hemos consultado el número 4434 del 26 de abril de 1923 de El Socialista.





