Incertidumbre. Un enigma. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Ernest Rutherford y su mentor (J.J. Thomson) eran diametralmente opuestos en carácter además de en origen geográfico. J. J. era decididamente de la vieja guardia, de modales secos y bastante reservado, mientras que Rutherford, un bullicioso muchacho de las colonias y aficionado a los deportes, se sumergió en la vida de Cambridge en feliz ignorancia de sus insignificantes gradaciones de clase y estatus social. Rutherford confiaba en sí mismo y, generalmente era inconsciente, aunque bastante perspicaz para complacer su propia presuntuosidad. No cabía duda alguna de sus talentos. “Nunca he tenido un estudiante con más entusiasmo o capacidad para la investigación original que Mr. Rutherford”, escribió Thomson en una recomendación para su sobresaliente protegido.
Trabajando rápido, Rutherford demostró en 1898 que había al menos dos tipos diferentes de emanaciones radiactivas. Una podía ser detenida por una hoja gruesa de cartulina, mientras que la otra tenía un poder de penetración mucho mayor. Las denominó tipo alfa y beta de radiactividad. La identidad de las alfas continuó sin esclarecerse, pero las partículas beta, según se descubrió pronto, no eran más que electrones que se movían a gran velocidad.
Por tanto, ¿los átomos contenían electrones? Quizá, pero eso no podía ser todo, ya que los electrones constituían la luz y tenían carga eléctrica, mientras que los átomos eran pesados y neutrales. Thomson desarrolló lo que se dio en conocer como el modelo atómico del “pudin de ciruela”, en el cual un pequeño número de electrones se movían por todas partes, de alguna manera dentro de una gota más o menos esférica, de algún tipo de medio cargado positivamente, éter… en cualquier caso, algo que pudiera proporcionar masa y neutralizar la carga negativa del electrón. Pese a lo vago de este modelo, Thomson lo utilizó, unos cuantos años después, para interpretar varios descubrimientos experimentales, llegando a la conclusión de que muy probablemente un átomo de hidrógeno contenía un solo electrón.
Rutherford sentía un cauteloso recelo hacia la teoría. Le parecía prematuro especular excesivamente, sobre lo que podría haber en un átomo, cuando nadie sabía aún lo que era un átomo. Después de Cambridge, fue unos años a la Universidad McGill en Montreal, Canadá, donde montó un equipo para profundizar en las partículas alfa y beta y, en los elementos que las generaban. Allí, Rutherford recorría con energía el laboratorio de un lado a otro, alabando, preguntando, animando y, ocasionalmente, reprendiendo a sus colegas y estudiantes.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.