El átomo. El "Argé". IX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Parménides es comúnmente considerado, como el miembro más eminente de la escuela eleática. Desempeña efectivamente un papel particularmente significativo, en la historia de la filosofía antigua, por haber sido el primero en formular el concepto de “ser necesario, eterno, no engendrado, perfectamente homogéneo, indivisible e indestructible.
De nuevo según A. Pichot, el ser de Parménides representa “la cara oculta de la naturaleza”, “la otra cara de las apariencias”, la manifestación de la naturaleza perceptible”, “lo que existe más allá de las cualidades sensibles” y, “aquello que solamente puede ser captado por el intelecto puro”, “una especie de materia-espacio”. Conviene subrayar sobre todo que este concepto, implica, la negación de la divisibilidad, de la discontinuidad de la materia, así como la negación del vacío, cuya existencia será, al contrario, el tema esencial de la teoría atómica. Los sucesores de Parménides, Zenón de Elea (conocido sobre todo por sus célebres paradojas, que tienden a negar la pluralidad y el cambio y, por tanto, el movimiento) y Melisos de Samos, comparten estos puntos de vista: el universo es increado y eterno, está lleno de materia indestructible y, desprovisto de vacío. El movimiento, el cambio y, de hecho, todas las impresiones percibidas por los sentidos, no son más que una ilusión. Aristóteles los calificó de inmovilistas y de anti físicos: inmovilistas por su defensa de la inmovilidad y, anti físicos, porque la naturaleza es el principio del movimiento y, porque pretender, como hacen ellos, que nada se mueve, equivale a suprimir la naturaleza”
Es interesante señalar que Parménides es partidario, como Jenófanes, de dos sustancias primordiales, el fuego y la tierra, que él considera, según Clemente de Alejandría, como dioses.
Zenón de Elea y Melisos, comparten las ideas principales de Parménides, pero parecen atribuir casi la misma importancia, a las cuatro sustancias fundamentales. Recusan el vacío. Diógenes de Laercio presenta así la opinión de Zenón: “Existen varios mundos, pero el vacío no existe. Todas las cosas obtienen su naturaleza del calor y del frío, de lo seco y de lo húmedo, que se transforman mutuamente unos en otros… El alma está compuesta de una mezcla de los cuatro elementos, sin que ninguno de ellos, predomine sobre los demás”. Según Galeno, Melisos consideró la posibilidad de que existiese una sustancia común, que serviría de base a los cuatro elementos, una sustancia no engendrada e indestructible, a la que llama el Uno y el Todo.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.