Incertidumbre. Un enigma. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En diciembre de 1898 escribía Marie Curie: “La radiactividad es una propiedad atómica”, refiriéndose a que su intensidad depende, pues y simplemente, del número de átomos de uranio o polonio o radio, que contenga una muestra”.
Dos años después, en un extenso estudio preparado para un encuentro internacional de física, junto con la Gan Exposición, los Curie ofrecieron una declaración aún más elocuente: “La espontaneidad de la radiación es un enigma, una cuestión de profundo desconcierto”.
Espontaneidad: ese era el factor crucial y extraño y, para los científicos educados en las tradiciones decimonónicas, era claramente incómodo. Según lo que se sabía hasta 1900, la radiactividad no tenía causa alguna y, por lo tanto, era innecesaria. Aún más, la radiactividad liberaba energía. ¿La energía radiactiva surgió de la nada, de forma espontánea? --Marie Curie se decantaba por la idea de que la ley de la conservación de la energía, que ya tenía 50 años de antigüedad, no era el requerimiento absoluto, que los científicos habían supuesto. Quizá un átomo podía, de alguna manera, fabricar energía de la nada y, continuar como antes. Esto no resultaba fácil de aceptar, pero al los Curie y a muchos otros, les pareció la menos inaceptable de las diversas desagradables interpretaciones, de la inquietante espontaneidad de la radiactividad.
El hombre que resolvió básicamente esta confusión (y que, de paso, propició el nacimiento del átomo moderno) apareció bramando en el escenario, procedente de una infancia en una granja de Nueva Zelanda. Ernest Rutherford era brillante, inventivo y exaltado. Con el apoyo de una beca para los residentes coloniales dotados, llegó a Cambridge en 1897, para estudiar a las órdenes de J. J. Thomson (universalmente conocido como J. J.) que era entonces el director del Laboratorio Cavendish. Llegó en un momento oportuno y emocionante. Justo unos cuantos meses antes, Thomson había demostrado de forma memorable, que las emanaciones en un tubo vacío, conocidas como rayos catódicos no eran, en realidad rayos, sino corrientes de partículas con carga eléctrica. La palabra electrón se incorporó al lenguaje y, resultó ser una cosa minúscula, con una masa mucho menor que cualquier átomo individual. Al mismo tiempo, cortesía de los Curie, la radiactividad por fin llamaba la atención. Cos estos importantes descubrimientos girando a su alrededor, Rutherford abandonó rápidamente su anterior interés por la tecnología de la transmisión inalámbrica de señales – en la cual fue mencionado durante un tiempo con Marconi – y centró su mente en la física seria.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.