No parecía muy halagüeña la situación de los trabajadores de Puente Genil al terminar la década de los años veinte. A pesar de las reiteradas denuncias realizadas, la legislación obrera no se cumplía.
No se observaba la jornada legal de las ocho horas, se burlaba el descanso dominical, y se producían retrasos en la tramitación de los casos de accidentes de trabajo con el fin de que los trabajadores se aburrieran o tuvieran, al final, que acudir al Juzgado de Instrucción con abogados y procuradores, cuando, en el procedimiento administrativo normal no era necesario. Al parecer, cuando se hizo la denuncia en las páginas de El Socialista (número 6399 de 13 de agosto de 1929) existían dos expedientes, pero no se sabía si encontraban en la Secretaría del Ayuntamiento o en el Gobierno Civil, en relación con dos reclamaciones por hernia, y que habían sido formuladas hacía más de ocho meses.
En los talleres de modistas y sastres, donde se comenzó a aplicarse la jornada de nueve horas según un acuerdo de la Delegación de Trabajo, no se cumplía, obligando a las jóvenes trabajadoras a jornadas de entre diez y once horas diarias.
Todo esto se podría comprobar mediante la inspección porque en la Delegación de Trabajo no podían formularse reclamaciones o quejas porque dicho organismo no se reunía o no se atendía en el mismo.
Esas eran las razones por las que se acudía al periódico obrero para que la autoridad competente tomara cartas en el asunto.
Estos apuntes periódicos que hacemos de estas cuestiones creemos que contribuyen a ir conociendo mejor la situación de los trabajadores y trabajadoras de las primeras décadas del siglo XX, un asunto que nos parece sumamente importante para que los trate la historiografía.





