La situación internacional y el movimiento obrero en los inicios de 1923 (I)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
El destacado socialista catalán Antonio Fabra i Ribas impartió una conferencia el día 19 de enero de 1923 en la madrileña Casa del Pueblo donde realizó un repaso del movimiento obrero y sobre la situación internacional. Fabra siempre fue uno de los máximos conocedores de la realidad internacional del socialismo español.
Fabra i Ribas comenzó su conferencia por el análisis del panorama internacional. El orador tenía muy claro que después de la Gran Guerra no reinaba la tranquilidad en ningún sitio de Europa, con un gran desarrollo de la desconfianza, el miedo y la desesperación, siendo que la paz era solamente una aspiración de los pueblos, seguramente queriendo decir que los gobiernos no se preocupaban mucho de buscarla.
Explicó que existían conflictos internos en Polonia y Checoslovaquia, promovidos por los irredentistas, unos, y otros por la crisis financiera y el paro forzoso. Rumanía y Bulgaria, por su parte, estarían haciendo la liquidación de la dura herencia de la guerra, encontrándose de repente a causa del desastre griego con los turcos en las fronteras.
Grecia vivía en plena anarquía y en la imposibilidad de recoger y alimentar a los numerosos refugiados del Asia Menor y de Tracia.
En todo el Próximo Oriente la inquietud reinaba, y verdaderos ejércitos de emigrantes se iban de sus suelos natales en busca de una paz y de un trabajo, cada día más problemáticos.
Fabra estimaba que Rusia, aunque había cambiado radicalmente su política económica, en alusión a la conocida como NEP, asistía impotente a la agonía de los últimos hambrientos del Volga y de Ucrania. Además, amenazaba de continuo a los países vecinos y se hallaba en conflicto permanente con Japón. Por otro lado, mantenía bajo su yugo a las Repúblicas Socialistas de Georgia y Armenia, y continuaba fabricando fórmulas y discutiendo hasta la saciedad “nimias cuestiones de principio y táctica: tesis y directrices, como dicen los doctores bizantinos que ha puesto cátedra en Moscú”.
En el repaso internacional le tocaba a Austria, que habría llegado a un paso de la bancarrota, y solamente podría salvarse si se entregaba sin condiciones a los financieros de los grandes Estados.
Italia se encontraba ya en manos de los fascistas, y con una situación económica y financiera lamentable.
Francia se encontraba en manos de una mayoría parlamentaria rabiosamente imperialista y nacionalista. Y había iniciado, arrastrando a Bélgica, la ocupación del Ruhr, una aventura llena de peligros y que suponía el germen de una serie de conflictos futuros.
Alemana vivía minada por agrias disputas interiores, y con la ocupación del Ruhr todos sus problemas se habían visto agravados porque era su centro industrial más importante.
Por fin, Fabra no quiso dejar fuera de su tremendo balance de los países que habían participado en la Guerra al vecino Portugal, país cargado de deudas y con múltiples obligaciones, no consiguiendo resolver los problemas.
Entre los países que habían sido neutrales también había dificultades graves. Fabra observaba que la vida se había paralizado en Holanda, Suiza y los Países Escandinavos. Eran Estados víctimas del tipo alto de sus monedas, cuyo resultado eran la falta de exportación y el consiguiente aumento del paro. Algo así ocurría en España, amenazada, por lo demás, a causa del derroche de dinero y vidas humanas que ocasionaba la Guerra de Marruecos.
La situación fuera de Europa tampoco era buena, con un aumento de las rivalidades capitalistas y los nacionalismos, todo ello estimulado por las consecuencias de la Gran Guerra.
Seguiremos.
Hemos trabajado con el número del 23 de enero de 1923 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.