El problema de las “libertades burguesas” para el socialismo español en 1886
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
El socialismo se basa en un principio fundamental desde sus inicios, cuando establece que los derechos individuales, especialmente las libertades, no son nada si no se disponen de medios para ejercerlos. La igualdad ante la ley o la igualdad política no tendrían ningún valor sin igualdad económica. Pero, además, y este es el tema de este artículo, las libertades, calificadas como “burguesas”, en realidad, aún cuando fueran la base para las reivindicaciones económicas de la “clase desheredada”, siempre iban unidas a desarrollos legislativos que las cercenaban. De eso iba un artículo de un recién inaugurado El Socialista.
De todos los derechos, el de huelga o “coalición” para que los trabajadores pudieran organizarse con el fin de defender sus salarios, su dignidad, era el que más restricciones tenía, quedando como nulo, realmente, o llegando a ser peligroso para quien quisiera ejercerlo.
Los socialistas criticaban a los demócratas que habían hecho la Constitución de 1869 porque, mientras habían puesto muy pocas limitaciones a un gran número de derechos, sí las habían establecido en el derecho a la huelga. En este sentido, se había proclamado el sufragio universal, y la libertad de imprenta, pero para los socialistas el primero llevaba ya su restricción en la miseria e ignorancia de la clase obrera. Y en relación con el segundo estaba muy bien para la burguesía que era la única que podía poner en marcha periódicos.
Pero en relación con la huelga la cuestión cambiaba, y lo hacía porque era un derecho que solamente podía ser útil para la clase desposeída. Así se citaba cómo el ministro de Gracia y Justicia Montero Ríos se había encargado de anular el pretendido derecho sin tocar la Constitución. Bastó con meter unos determinados artículos en el Código Penal.
No se le negaba al obrero el derecho a declararse en huelga, de oponerse a las exigencias del patrono. No podían impedir esto los demócratas porque proclamaban que los trabajadores eran libres, pero, siempre y cuando no sacasen partido de la misma para mejorar su suerte.
Había, por lo tanto, libertad para despedir, y libertad para dejar de trabajar, pero si el trabajador no se podía coaligar para conseguir mejoras no servía para nada proclamar el derecho de huelga. Por eso, además, el derecho de asociación también era letra muerta en España. Los obreros solamente podían asociarse bajo la tutela y vigilancia de las autoridades con restricciones hasta vejatorias. Y este derecho no solamente se vulneraba en España, la de las Monarquías de Amadeo y de María Cristina, sino también en la Francia republicana, como demostraría la persecución y abolición de la Internacional.
En conclusión, las “libertades burguesas” eran falsas e incompletas, además de que se podían adulterar a medida que lo exigiera la seguridad de la clase privilegiada.
La libertad sin cortapisas, es decir, la verdadera, proclamaban los socialistas españoles, no existiría en el mundo hasta el triunfo del socialismo, es decir, con la socialización de los medios de producción y el establecimiento de la igualdad económica.
Así volvemos al principio del artículo, sin igualdad económica nunca habría libertad.
Hemos trabajado con el número del 16 de abril de 1886 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.