El paro en Estados Unidos en la crisis de 1929
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Las cifras del paro después de estallar la Crisis del 29 se multiplicaron en Estados Unidos. En ese primer momento había millón y medio, pero al año siguiente se había alcanzado la cifra de 4'2 millones, es decir, el 8'8% de la población activa. En 1931 hubo 7'9 millones de trabajadores en paro, es decir, casi el doble del porcentaje del año anterior. En 1932, el 24% de la población activa estaba en paro, es decir, casi 12 millones de estadounidenses.
Las ciudades norteamericanas se llenaron de parados, de personas que habían perdido sus hogares y dormían en portales o a la intemperie. Aparecieron las ciudades de lata, o Hoovervilles, llamadas así de forma irónica en relación con el nombre del presidente Hoover. Los alquileres eran imposibles, y también se hizo imposible comer. Los que tuvieron más suerte, es decir, los que conservaron sus empleos, vieron disminuidos sus salarios desde el año 1930.
Si el paro total provocó un drama brutal, el paro parcial no dejó de ser, también muy duro. Un estudio realizado en marzo de 1932 sobre el paro parcial en unas 6.000 compañías dio a conocer que el 63% de los trabajadores industriales se hallaban ocupados a tiempo parcial.
Una de las consecuencias más impresionantes del paro fue el espectacular aumento de los suicidios. En 1933 se quitaron la vida unas 23.000 personas.
Los médicos e instituciones de asistencia social comenzaron a ser conscientes de la repercusión del paro en la alimentación e higiene de las personas. Se hizo un esfuerzo para recomendar menús que pudieran asegurar la necesaria aportación calorífica, y al menor precio posible. El US Bureau Economics se dedicó a recomendar este tipo de menús o raciones a bajo coste. Pero hasta la llegada de Roosevelt, la Administración no fue muy activa a la hora de buscar soluciones o paliar los estragos de la crisis. Entre algunas excepciones que pueden citarse estaría la del municipio de Tulsa en el estado de Oklahoma. Allí se compraron alimentos en grandes cantidades a comerciantes locales para distribuirlos entre los parados, estableciendo tres tipos de raciones: una para adultos, otra para jóvenes, y una tercera para niños.
En aquellos momentos, la alternativa revolucionaria no cuajó, especialmente en el caso norteamericano. La respuesta social fue muy tibia respecto a la magnitud de la situación. Es un tema que ha interesado a la historiografía. Se produjo un auge de la insolidaridad en plena crisis. Los que conservaban sus puestos de trabajo aceptaron reducciones de salarios o peores condiciones laborales para mantenerlos, sin emprender una lucha sindical de envergadura. Entre los que lo perdieron no se dio el camino desde el sufrimiento personal hacia una protesta más o menos organizada. Por otro lado, había un evidente conservadurismo social que frenó los posibles conatos de desestabilización. Seguía existiendo una confianza en el sistema, que hacía muy poco tiempo había generado una riqueza sin precedentes, aunque fuera sobre pilares extremadamente frágiles. El respeto a la norma volvió resignadas a amplias capas de la sociedad.
Aún así, la situación en Europa fue algo distinta a la que hemos visto en Estados Unidos. En Gran Bretaña y Francia hubo importantes protestas, y hasta en Norteamérica habría que aludir a la marcha de 11.000 veteranos hacia Washington en 1932, reclamando los prometidos bonos de guerra.
Un capítulo especial merecen las “marchas del hambre”, que surgieron en distintos lugares de Estados Unidos, las luchas contra los desahucios, protagonizadas por los consejos de parados que surgían en los bloques de viviendas afectados, los cortes de carretera por agricultores en Iowa, o las batallas entre mineros y la policía en Kentucky. La represión policial fue siempre muy contundente en Estados Unidos. Además, se intensificó el mensaje mediático del miedo a los “rojos”, algo que terminaría por ser muy frecuente en el futuro.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.