Lecciones del presente
Lo recientemente vivido en la escena política española invita a la reflexión. Abordaré los hechos desde una mirada inicialmente descriptiva. Con miras a extraer utilidad a tanto lamentable episodio, cabe reparar en que la condición humana tiene tanta plasticidad como para generar individuos corruptores-corrompidos y, por otra parte, personas honestas y dignas. Los primeros, tienden a generar colectivos o sociedades corruptas, mientras la digna honestidad propende a crear sociedades virtuosas. Con ambas determinaciones, la realidad española muestra intentos reiterados, imputables a ciertos individuos y partidos, por corromper una forma de vida política, la democracia, de la que hace cuarenta años nos dotamos todos y todas tan laboriosamente. Y lo hicimos, a la salida de una prolongada dictadura, para conseguir precisamente una España virtuosa. Su virtud pasaba por el consenso, la pluralidad y la dialéctica, entendida como movimiento de la historia. Movimiento competitivo, desde luego, entre sectores sociales con distintas cuotas de poder; pero, asimismo, capaz de mostrar fases no solo de conflicto, sino también de cooperación. La democracia exige necesariamente cooperar. Cuando algunos sujetos y/o partidos en juego sobre la arena política se niegan a colaborar y abjuran de la cooperación, surge todo lo lamentable que hemos visto en la doliente escena española. De ahí deriva gran parte del malestar que nos hiere por doquier. La complejidad de la vida social y política, la magnitud de las demandas que la población exige reclama obligadamente la colaboración.
- Publicado en Opinión