Causas y efectos de la guerra abierta de Israel contra Irán
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Un capítulo más de la reconfiguración del mapa del Oriente Medio comenzó ayer sobre el territorio iraní. Más de doscientos bombarderos israelíes atacaron en la noche del 12 al 13 de junio y horas siguientes Teherán, capital iraní, así como una docena de instalaciones militares y laboratorios de investigación nuclear distribuidos en diferentes enclaves del país persa, señaladamente en Natanz, Kermansha e Ispahan, en el interior de Irán. Tras los bombardeos, que arrasaron también una parte del barrio teheraní de Narmat, resultaron muertos varios dirigentes en la sede del cuartel general de la Guardia Islámica, alojados allí, como su propio jefe, Hossein Salami, mientras que Alí Shamjani, fundador de la organización paramilitar islámica y actual jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, se hallaba en estado de coma tras sufrir presumiblemente un atentado, dentro de una oleada de sabotajes contra altos dignatarios de la cúpula del poder y del aparato estatal y científico del régimen en Teherán. Se desconoce el número de víctimas civiles causadas por los ataques, que se supone muy numerosas dada la masividad de los bombardeos.
Los ataques aéreos de las últimas horas se vieron precedidos, el pasado mes de octubre, por otros de tipo selectivo de la Fuerza Aérea de Israel sobre los sistemas de defensa de las instalaciones nucleares iraníes, cuyos dispositivos de protección a base de misiles rusos S-300, quedaron neutralizados entonces, sin siquiera intervenir. Este hecho ha facilitado el despliegue del actual ataque, cuya rotunda eficacia militar pone en entredicho, sin embargo, su alcance político, habida cuenta de que el Gobierno de los Estados Unidos, a través de su secretario de Estado, Marco Rubio, ha tomado una inusual distancia de esta acción de guerra. Ha invocado “la protección de los nacionales e intereses de Estados Unidos en la zona mesoriental”, a los que ha instado a protegerse, pero se ha abstenido de saludar la iniciativa bélica, que aparta a Estados Unidos de su designio geoestratégico prioritarios, versado hacia el Indo-Pacífico, es decir, China.
Los ataques aéreos de Israel contra Irán truncan formalmente las conversaciones -con ultimátum incluido- alentadas por Washington con Teherán desde el pasado mes de marzo, encaminadas a detener en seco los progresos el programa nuclear iraní. Este ultimátum fue rechazado hace días por el Guía Supremo de la República Islámica, Alí Jamenei, rechazo invocado ahora por Israel para justificar su masivo bombardeo, que se ha visto acompañado por una cadena de atentados que, según fuentes iraníes de oposición, ha descabezado plenamente la Guardia Islámica iraní. Hasta el momento, el ejército regular, Artesh, no ha registrado bajas entre sus altos rangos, si bien se supone que habrán muerto efectivos de tropa y policías militares que custodiaban las instalaciones nucleares y residencias donde se alojaban altos rangos paramilitares ahora abatidos.
Según fuentes oficiales, el ayatollah Alí Jamenei, Guía Supremo de la República islámica de Irán, ha anunciado el lanzamiento de un centenar de drones contra el territorio israelí, en represalia por los ataques sufridos, al tiempo que ha pedido a los rangos subalternos de la Guardias Islámica, Pasdarán, que asuman las tareas dejadas por los dirigentes muertos.
Observadores y expertos resaltan la conjunción de los ataques aéreos de la Fuerza Aérea israelí con los atentados con drones en bases clandestinas interiores, según la agencia Reuters, y a pie de calle, mediante también de fusilería y explosivos contra líderes paramilitares y dirigentes del régimen, sin duda ejecutados desde instalaciones monitorizadas por los servicios secretos de Israel y a través de agentes locales infiltrados en el aparato de Estado persa. Estos atentados guardan relación con el que se registró en Teherán contra el dirigente de la organización político-militar palestina Hamas, Ismail Haniya, en 31 de julio del pasado año durante una conmemoración oficial a la que había sido invitado. Mes y medio antes de aquella fecha, otro sabotaje, presuntamente inducido por agentes azeríes o iraníes locales vinculados a los servicios clandestinos israelíes, costó la vida al presidente de la República Islámica de Irán, Ebrahim Raisi y a su ministro de Asuntos Exteriores, Hossein Amir Abdolahian, al hacer explosión el helicóptero en el que viajaban de regreso de una inauguración de un pantano irano-azerí en Aserbayán, Estado fronterizo con el iraní. Del mismo modo, varios científicos persas vinculados al programa nuclear que Irán despliega desde hace tiempo han sido eliminados a tiros en los últimos años en lugares próximos a sus domicilios o laboratorios donde desarrollaban sus investigaciones. Ayer murieron los investigadores Mehdi Teheraní y Fedayún Abassi, entre otros.
Los hechos de guerra protagonizados por Israel contra Irán, Estado al que atribuye el apoyo a los movimientos político-militares palestino y libanés, Hamás y Hezbollah, respectivamente, con amplio ascendiente hasta hace unos meses en la escena de ambos países, incendian de nuevo la situación en el Medio Oriente. Allí, la invasión israelí de Gaza, que ha causado ya al menos 55.000 víctimas mortales, la mitad de ellos menores de edad, cierra el círculo de episodios de guerra como los acaecidos en Líbano y Siria, a los que se añaden los de Irak y Libia, convertidos en Estados fallidos por la conjunción de intereses entre Estados Unidos e Israel, según los expertos.
La actitud de China y Rusia
Uno de los interrogantes que flota sobre el ambiente es cuál va a ser la actitud de China ante este nuevo acto de guerra protagonizado por Israel, que puede derivar en una nueva guerra generalizada en el Medio Oriente, de donde el régimen de Pekín se abastece copiosamente de crudo y gas iraní, absolutamente necesarios hoy para mantener el desarrollo industrial chino. A la adversidad económica resultante de este hecho de guerra se añade un factor política y militarmente positivo para China puesto que mientras Estados Unidos, por vía del compromiso al que le somete Israel en la zona, se mantienen fijado al terreno en el Medio Oriente, lo cual permite a China demorar el conflicto que Washington baraja contra Pekín, según indican todos sus señalamientos públicos. Hay que recordar que Estados Unidos cuenta con unas 40 bases militares en la zona del Medio Oriente. Por su parte, no se espera una reacción contundente de Rusia al respecto del ataque contra Irán, aliado temporal en la zona que le suministra drones. Lo sucedido beneficia, de entrada y objetivamente a Turquía, a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes del Golfo, que se disputan con Irán la hegemonía en la zona. Sí resulta esperable una reacción ruso-china en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en demanda de una detención de la escalada.
La gran incógnita es averiguar qué hará la ciudadanía iraní, atrapada en esta guerra abierta en ciernes entre los bombardeos israelíes y un régimen formalmente teocrático y realmente autoritario, con amplias franjas de la población, señaladamente femenina, descontenta como está con el sistema político creado por los ayatollas. Ese descontento obedece a la política represiva que ha desmantelado, en los 47 años de vigencia del régimen islámico, las organizaciones políticas, sindicales y cívicas del país, truncando así las posibilidades de vertebrar una transición política y social que trascienda el riguroso modelo islamista chií impuesto desde 1979.
El silencio del ejército regular de Irán, hasta el momento, se interpreta como un factor a tener muy en cuenta, de donde algunas cancillerías occidentales, prevén que puede salir una alternativa política uniformada similar a la que encarna el régimen egipcio del general Al Sisi. Y ello manteniendo el modelo económico capitalista, también vigente en Irán, que permita a Occidente beneficiarse de las riquezas energéticas que alberga toda el área, que atesora quizás el mayor volumen de reservas en gas y petróleo de todo el mundo.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.