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Ignasi Riera, catalán impar vecino de Madrid


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

El Madrid de verdad, el de los ciudadanos transparentes y solidarios, no el regido por déspotas iletradas y monaguillos medrosos, ha rendido homenaje a un barcelonés impar, Ignasi Riera, recientemente fallecido, que hace 22 años decidió establecerse en Madrid tras dedicar gran parte de su feraz vida al activismo social y cultural, como editor, periodista y político en el Parlament y en la vida municipal de Catalunya.

Su asentamiento madrileño obedeció a razones del corazón, pues se enamoró de una enfermera aquí residente, Carmen García Somolinos, ejerciente en el hospital Doce de Octubre, a la que conoció en un viaje solidario de ambos al Sahara. Su presencia a lo largo de todos estos años atrajo hacia Madrid, al decir de sus allegados y querientes, una brisa fresca de serena laboriosidad que escampó sobre la atribulada vida madrileña, atormentada desde entonces por una clique moral y culturalmente analfabeta, empeñada en romper la convivencia y la amistad de madrileños y catalanes, inquina impostada contra la que Riera se alzó con su verbo, su humor y su pluma.

Legatario de una herencia moral y solidaria acuñada en la etapa en la que Cataluña fue el motor político y cultural de toda España, Ignasi nos regaló generosamente su presencia, su criterio, su ironía y su conciencia social troquelada en las filas del Partido de los Socialistas Unificado de Cataluña, PSUC, partido hermano del PCE, motores imprescindibles ambos en la lucha por la conquista de las libertades en España.

Nacido en 1940, educado en los jesuitas de Sarriá, Profesor de trabajadores en la gironiana Universidad Laboral de Gijón, su cercanía al mundo del trabajo despertó en él un compromiso ya nunca quebrantado con el movimiento obrero, en cuya articulación como docente, periodista editor y militante se integró provisto de un entusiasmo inimitable, esa emoción del ánimo que el poeta alemán Federico Schiller definió como “lo único que nadie podrá nunca arrebatarnos”.

“Puente humano”

Asentado en Cornellá de Llobregat, uno de los núcleos urbanos de más peso de Cataluña, ejercería allí como Concejal de Cultura durante tres lustros, convirtiendo su Ayuntamiento en inductor y mecenas cultural de la vida cívico-político de la Generalitat. Memorable resultó también su paso por el Parlement, escenario de su batallar por la Cultura en general, la Educación y la defensa y protección de adolescentes y personas mentalmente vulnerables. Verdadero puente humano entre Madrid y Cataluña, como editor de la mítica editorial progresista Laia, Ignasi Riera conoció muy de cerca no solo el bastidor humano de la vida social y pensante irradiada desde Barcelona, capital editorial de la Península durante décadas, sino también la impresa, literaria y libresca de la Villa y Corte, donde la secular impronta cortesana tanto eclipsó el latido vital propio de Madrid. Con maestría, Ignasi supo impregnar su estadía madrileña de esa pátina que la civilidad local, su cercanía, adquieren de manera tan natural en Cataluña.

Precisamente, para honrar al ciudadano Ignasi Riera, AMESDE, Asociación por la Memoria Histórica Social y Democrática de España, en la sede de Blanquerna, buque insignia de la Delegación Cultural de la Generalitat de Cataluña en Madrid, más una espléndida gavilla de amigos, presentaron este miércoles 25 de junio el libro Gracias a todos, subtitulado con la frase machadiana Hoy es siempre todavía. En este librito de 186 páginas, compendiado por José Manuel Pérez Carrera, secretario de AMESDE, se recogen las semblanzas y trayectorias literarias de un selecto puñado de personalidades de las Letras de este país de países con las que Ignasi departió, conversó y debatió para escribir sobre ellas o publicar sus obras, a lo largo de su feraz presencia en el mundo editorial.

Desfilan por las páginas de este ameno texto críticos literarios de la talla del gallego Javier Alfaya; adalides de la traducción, como la estadounidense Bárbara McShane; paladines de la novela social, como Antonio Ferres; docentes de la Ciencia Política, como Juan Trías Vejarano; maestros de la crónica parlamentaria y de la bonhomía, como Lluis Carandell; dirigentes políticos de la estatura moral y cultural de Miguel Núñez y Armando López Salinas, indomables líderes comunistas abanderados de la lucha antidictatorial contra el fascismo; el resiliente cinesta Julio Diamante; el titán del compromiso cristiano-marxista Alfonso Comín i Melilla; el llorado poeta Jaime Gil de Biedma; Carlos París, filósofo del compromiso científico; Marcos Ana, poemario vivo y rebelde; Jordi Dauder, troskista de siempre; así como Francesc Paco Candel; Rocío Orsi; Luis Cabrera; Arcadi Oliveres; Sergio Beser; Víctor Canicio; el obispo teólogo de la Liberación, Pedro Casaldáliga; el jesuita Juan Carlos Marcos; Paco González Ledesma; Andrés Sorel; Jerónimo López Mozo; Enric Pubill, y los novísimos Luis Landero, Julio Llamazares y Almudena Grandes. Con todos, Ignasi Riera exhibe su metodología lectora basada en la pulcra objetividad descriptiva de las obras leídas y diríase que vividas por él, bajo las cuales fluye la sabiduría profunda de un corazón transparente y empático, perlado de amistad y serenidad de ánimo. Lo mejor de la catalanidad, de sus valores y emprendimientos, discurre por la profusa obra de Ignasi tal cual el lecho natural del agua de lluvia, la riera, que signó su apellido y le convirtió a él en cauce de saberes, afectos y amistades.

Su atención, esparcida gratamente por doquier, se recrea en la figura y la obra del laureado novelista Manuel Vázquez Montalbán, amigo entrañado suyo, polígrafo comunista demócrata formado en prisión y entre fogones, con el talento comprometido de un hijo del pueblo al que Ignasi considera poeta, como tal vate, tan desconocido como deslumbrante…

En el compromiso de Riera con la memoria, manifiesto en su militancia en AMESDE, no faltan referencias a Lluis Companys, entregado por los nazis a Franco y torturado en la Dirección General de Seguridad, ese antro de verdugos ubicado en la Puerta del Sol, donde hoy habita la iletrada que se niega sin argumentos a significar la Casa de Correos como lugar de memoria; allí también fue mortificado Julián Grimau, al que Ignasi dedica uno de sus textos, al igual que los que versan sobre Federica Montseny, las escritoras María Teresa León y Ana María Matute, más la letrada y campeona del voto femenino, Clara Campoamor. No faltan referencias al inolvidable líder sindical Marcelino Camacho, a Yenia Camacho Samper y a decenas de coprotagonistas de la Transición de la dictadura a la democracia.

En el homenaje, moderado por Goyi Sanz, dirigente de la asociación memorialista anfitriona del acto, tomaron la palabra, entre otras personalidades, Nuria Marín, delegada el Govern de la Generalitat en Madrid; Carmen García Somolinos, esposa de Ignasi Riera; Jaime Ruiz Reig, presidente de AMESDE; Santiago de Torres, médico, ex delegado del Govern catalán; la actriz Gloria Vega, que interpretó la canción Rojo compuesta por Luis Mendo y por ella, dedicada a Ignasi; Carles Vallejo, de la Asociación de Presos Torturados de Cataluña; y Paloma Ramírez, que le dedicó un poema de José Luis Sampedro; el actor Carlos Olaya, que leyó un texto sobre Jordi Dauder; y José Manuel Pérez Carrera, coordinador del libro Gracias por todo.

Si alguien desea saberlo casi todo sobre la constelación moral y socio-política que engarzó Madrid y Cataluña hasta ayer mismo, en este libro de Ignasi Riera, fallecido el pasado 23 de mayo en Madrid, hallará algunas de las principales claves para conocer cada una de sus luminarias.

Todo indica que el homenajeado, tras su fértil vida, consiguió la felicidad, de la cual el pensador Jorge Federico Guillermo Hegel aseguró que consiste en “salir al mundo y dejar que el mundo penetre en nosotros”, tal como el intelectual catalán aplicó a su vida, ateniéndose al canon griego de la belleza, la armonía del todo con la parte, ecuación en la que el todo fue para él la sociedad y la parte, el ciudadano, él mismo, Ignasi Riera i Gassiot.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


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